lunes, 16 de abril de 2012

Mientras tanto.

…te conoce el tiempo enlazado, el vagabundo erótico que somos te conoce.”
Homero Aridijis
Las mañanas del mundo se conjuntaban de vez en cuando en el centro de su cuerpo, colapsando en mil brillos  obligándola inevitablemente a retorcerse un poco antes de salir de la cama. Hoy era un día de esos.  Pese al estallido de luces, ella se resistió a levantarse, permaneció observando cómo desde su ombligo se proyectaban rayos violetas hasta el techo. Cerró los ojos y comenzó sin intención de dormir, pero sí de prolongar el sueño, a reconstruir el escenario: él estaba ahí, ocupando el lado izquierdo de la cama, aunque esa no pareciera su cama, sino la de ese mundo onírico del que se había apropiado sin pedir permiso. Sus labios ligeramente abiertos dejaban escapar un tenue silbido que no llegaba a ser molesto, ella levantó la sabana y con las luces que se colaban  entre las cortinas se auxilió para observar el cuerpo desnudo postrado a su lado. Recorrió sin pudor cada centímetro  de piel que se le ofrecía  o  por lo menos no se le negaba.  Identificó cada surco, grieta, lunar, cicatriz que aquel cuerpo poseía; imaginó entonces se trataba de un mapa,  el mapa de un mundo desconocido, de una galaxia ajena, que no le pertenecía, que nunca habitaría, pero que esta mañana se le había permitido recrear en el ensueño que precede a la vigilia.  Se preguntó entonces como sería tocarle, andar con sus dedos como peregrinos descalzos por aquellos valles, por un momento sintió la tentación de aproximar sus labios hasta el  hombro derecho, pero temió eso acabará con la fantasía, así que se limitó a mirarle, a evocar  o registrar, no estaba muy segura, el olor de aquel hombre. Se recostó un momento, perdió de vista la imagen que un segundo atrás la ocupaba y se preguntó si él también la pensaría, si bajo aquellos parpados alguna imagen de ella se colaba. ¿De qué color serían sus sueños?  Un suspiro distante, que venía desde su yo que giraba en la cama, la hizo salir del letargo, era momento de despertar.

lunes, 26 de marzo de 2012

Ella...

Ella, ese sur perpetuo, ese norte extremo, ese sabor a tierra mojada por el llanto de tres noches de  28  vidas cada una. Ella la de las ideas dispersas y las tristezas largas, la de la noche en la mirada y el verano en los dedos. Ella, ese navío olvidado en mitad del pantano. Ella la de los pies descalzos y las sonrisas en clave. La que abraza, la que hiere, la que ama, la que vive, la que olvida, la que muere, la que siente, la que piensa. Ella, la que no es ella, sino otra, siempre otra, nunca la adecuada, nunca la prudente, nunca la precisa. Ella la que escribe y la que calla. Ella, ese espejo en mitad de la nada, esa puerta sin destino, esa ventana sellada. Ella, ella que no soy yo, pero que sin saberlo yo soy un poco ella. 

miércoles, 14 de marzo de 2012

Qué alegría más tonta.

Los fantasmas que la habitan se han puesto de fiesta, los armarios de su mente son  una bulla constante desde hace unos días. Ella sonríe, sola, acompañada, sentada, de pie, de noche, de día, mientras sueña, mientras habla, cuando camina, mientras escribe, ella sonríe.   

sábado, 10 de marzo de 2012

Se va

Una descarga de armas irrumpe mi noche, pensarte se vuelve menos importante cuando debo preguntarme la vida de quién quedo en la banqueta, uno menos ¿ de los bueno o de los malos? Pregunta ociosa en estos tiempos. La sirena opaca la música triste que te evocaba, un llanto aterrador irrumpe el mío que al final termina por parecer soso. Un tumulto se arremolina a mitad de la calle, una madre grita ante un cuerpo caliente al que se le escapa la vida, mejor o peor que la mía no lo sé, pero se va, escapa entre los techos del vecindario, por mi ventana siento que la veo pasar, me duele un instante, me indigna.   Mas sirenas, más gente, más llanto, menos vida.

viernes, 24 de febrero de 2012

...

El universo se contraía en el centro de su cuerpo, los ojos fijos en el firmamento y de a poco la levedad que no ocupa gran espacio para hacer cimbrar al infinito.  Ella conocía el resultado sinnovedad de su obra, mezclarse con el cosmos nunca debió ser un invento. Era tarde para laproducción de arrepentimientos, la creación innecesaria de soledades la rompía y no tenía forma de pararlo, no ahora.

lunes, 6 de febrero de 2012

Colores

Me concedo muchas libertades, soy imprudente, tomo lo que encuentro en el camino, lo hago mío y  puedo llegar a ser asfixiante.  He querido no ser así, pero entonces pierdo colores, es como si se tratara de una pintura a la que has dedicado una vida entera y al final te das cuenta que los colores saturan la escena y aunque es un lindo cuadro, esta saturado de color, entonces comienzas por borrar un poco de amarillo, y la pintura comienza a perder luminosidad, los azules se hacen más evidentes y sientes frío, entonces eliges quitar un poco de esos azules, dejando al descubierto, un rojo que se torna violento, y así continuas quitando uno a uno, y de pronto sólo la ausencia de color, una gran nada en el  lienzo, perdió cualquier rasgo.  No sé ser mesurada, no entiendo el mundo desde la perspectiva prudente y decorosa, pareciera que todo lo que llega a mis manos es una bomba a segundos de explotar. 

No hago un juicio, por lo menos no en este momento, deseo, deseo tantas cosas que me doy miedo.

martes, 10 de enero de 2012

Auto retrato



Soy yo  rumoraba  la noche

Soy yo  jugueteaban mis manos

Soy yo  descalza y con la cara  sucia

Soy yo  la que espera, la que vive, la que sueña

Soy yo gritaron todas

Soy yo esa  piel de fruta

Soy yo esos días sin nombre

Soy yo relámpago y calma

Soy yo   angustia y delirio

Soy yo la que piensa

Soy yo la que habla

Soy yo la que escucha


Soy yo la que no es

Soy yo  carcajada sonora

Soy yo llanto desesperado

Soy yo golpe y silencio

Soy yo todas ellas

Soy yo la bifurcación de las noches

Soy yo cuerpo de larvas

Soy yo mujer de arena

Soy yo nostalgia en las manos

Soy yo humo olvidado

Soy yo ausencia presente

Soy yo con los pies al viento

Soy yo la que habita en la sombra

Soy yo  palabra, memoria y olvido

Soy yo ventana, espejo y silencio

Soy yo corazón y espinas

Soy yo monstruo de mil cabezas

Soy yo casa embrujada

Soy yo insomnio y tristeza

Soy yo colores y excesos

Soy yo  mujer de tres ojos

Soy yo animal de mil sexos

Soy yo miedo y promesa

Soy yo murmuraba la noche

Soy yo contestaba la luna.

lunes, 2 de enero de 2012

Para comenzar

“Todo cambiará en mi nueva vida pero ahora no”

Tenía muchas ideas para comenzar este post, había hecho una lista mental de la forma en que debían ir organizadas, hice otra lista de las palabras que debería usar: Laberinto, tú, sueño, él, yo, noche, zapato, corazón, etcétera.  Pero nada, las palabras se amotinan, se volvieron inconexas, absurdas, en fin, aquí mi primer post del año:

No todos, no siempre.
Esta es la que sueña
Las mañanas del mundo se conjuntaban de vez en cuando en el centro de su cuerpo, colapsando en mil brillos y obligándola inevitablemente a retorcerse un poco antes de salir de la cama. Hoy era un día de esos, pero pese al estallido de luces, ella se resistió a levantarse, permaneció observando cómo desde su ombligo se proyectaban rayos violetas hasta el techo. Cerró los ojos y comenzó sin intención de dormir, pero sí de prolongar el sueño, a reconstruir el escenario.  Él estaba ahí, en ese mundo onírico del que se había apropiado sin pedir permiso, sentado sobre un rascacielos jugaba los pies al viento.  Ella decidió no subir. La ventaja de soñar sin dormir, es el poder de decisión,  aunque no es absoluto tiene un rango de posibilidad más amplio que cuando se duerme. Metió las manos en sus bolsillos y comenzó a caminar, seguro que se trataba de una mañana muy fría, pues sentía como se entumían sus dedos, bajó la cabeza un poco para no sentir que el aire le reventaba las mejillas pero sobre todo para no verle a él, ahí en la punta del edificio. 
Las calles eran angostas y en las grandes paredes de los edificios se leían las palabras que estaba segura corrían por sus venas, primero intento leerlas todas, supuso era una revelación, si conseguía anotarlas todas, grabarlas en su memoria, tendría los elementos claves para descifrar la construcción de su realidad última; después se dio por vencida, eran demasiadas y muy confusas, así, optó por elegir únicamente 3 y olvidar el resto.
Los trapecistas siempre le habían causado fascinación, pero por algún trauma de la infancia siempre había tenido miedo a las alturas, pero cuando se sueña no importa si dormido o despierto, se puede trascender a esas cosas, así que olvidándose de la presencia de él por un momento, subió  a la parte más alta de un rascacielos y se aferró al trapecio, una nube espesa, palabras más palabras, tomó impulso y justo antes de saltar del otro lado estaba él…
Sí, este post no tiene sentido.

martes, 20 de diciembre de 2011

El tren de las 6

El tren de las seis

Las cuatro treinta de la tarde, aún faltan noventa minutos para el arribo del tren de las seis. La mujer gorda que espera en la esquina opuesta, golpea a su hija, le grita, su maquillaje vulgar me hace pensar en la leche que dejé derramada en la casa de Joel está mañana. La temperatura bajó otros tres grados, olvidé mi abrigo en el bar, seguro ahora lo tendrá puesto Lola, el grotesco travesti que sin pudor me sobaba las nalgas mientras yo bebía. El hombre sentado a mi lado me impacienta, su pie no para de moverse, parece que marcara exageradamente el tiempo. Anoche perdí la cabeza entre el humo y los tragos, supongo fui yo quien golpeó a Anet, aunque prefiero pensar que no fue así. Las cuatro treinta y siete, quizás si le pido al individuo que agite su pie con mayor vehemencia el tiempo pase más rápido. Un olor familiar inunda  la estación, es el terrible olor de los no lugares, una mezcla entre chanel y baño público. El vigilante me observa, no ha parado de mirar mis zapatos, estoy seguro de haber eliminado los rastros de sangre de mi ropa, pero él huele mi miedo, es como un viejo sabueso que me ausculta desde lejos porque ha detectado el olor a muerte, mi muerte, sabe que estoy muerto, que morí ayer mientras molía a golpes a la pobre Anett. Aún puedo sentir su cuerpo vulnerable ante mi fuerza. Colores, sus gritos fueron colores. La niña de la mujer obesa juega, salta de un lado otro, me estresa su voz chillante. Las  cuatro cuarenta y nueve, la temperatura sigue bajando. El vigilante se acerca al grupo de adolescentes que fuman y parlotean como si quisieran todos escucháramos sus voces. Muy seguramente les ha pedido que guarden silencio para poder escuchar como el corazón intenta escaparse de mi pecho, sé, él sabe soy culpable. Fui yo quien golpeó a Anett hasta dejarla inconsciente, sí fui yo, no puedo negármelo más.  Las  cuatro cincuenta y cinco, un sudor frío me estremece, la mujer vuelve a golpear a la niña mientras la reprende por no permanecer quieta. En la bocina anuncian la llegada del tren de las cinco. ¡Carajo! una hora más de angustiosa espera, debí considerar saltar a las vías una hora antes. El hombre de al lado me pregunta la hora, intenta torturarme, veo el placer que le produce mi angustia al mirar el reloj, no le contesto.  Joel se estará preguntando ahora mismo por mí, pensara que he huido. No está equivocado, pero esta vez no es temporal, no quiero afrontar la vida y huyo para no volver.  Me dirijo a la máquina de refrescos busco mis últimas monedas y  la ira vuelve a apoderarse de mí, se las ha tragado, la golpeo frenéticamente y siento al oficial a mi espalda, me toma por el hombro para pedirme calma.  Calma, calma, como se atreve a pedirle tal cosa a un condenado.  Mis ojos buscan los suyos, pretendo mirarlo hasta asfixiarlo con el odio de mi alma que se exaspera y se derrama por todo mi cuerpo, aprieto los puños y justo antes de atestar el puñetazo en su cara, una gota de lucidez me alcanza, no es conveniente dar a pie a una detención,  de esa forma seguiré sin poder pagar mi condena. Bajo la mirada y me alejo a tomar mi lugar nuevamente. Las cinco con diez minutos, ayer a esta hora Anet me besaba. Siento asco al recordar el sabor dulzón de su saliva.  Nunca entendí porque me amaba.  Una de las adolescente del grupo se sienta a mi lado, me sonríe  yo  evado el gesto y me concentro en observar mis manos.  No quiero justificar mis actos, no quiero salvarme, por el contrario, saltar es la única forma de acabar con el daño. La cinco con diecisiete minutos. La chica se ha cansado de mí indiferencia y se vuelve a incorporar al grupo de cacatúas que son sus amigos.  Es mentira que la adolescencia haya sido para mí un mejor tiempo, no comparto esa estúpida idea de  “tiempos pasados fueron mejores”, cada minuto de vida ha sido una porquería. Enciendo un cigarrillo, los primeros cinco segundos de nicotina recorriendo mi sistema nervioso me hacen temblar, un poco por la resaca, otro poco porqué serán los últimos cinco segundos que pueda sentir este efecto.  La ansiedad se acrecienta, un remolino de ideas confusas me atormenta, no siento miedo, sé muy bien lo que quiero y estoy a unos minutos de conseguirlo, no pregunto sobre cómo habría sido si… está es mi realidad y la asumo. Las cinco treinta y cuatro minutos, la mujer gorda pinturrajea desmedidamente su rostro, la niña se ha quedado dormida. Los adolescentes siguen conversando ruidosamente, como si realmente algo de lo que dijeran tuviera sentido. El vigilante sigue observándome, pero ya no me importa, ni él ni nadie puede detenerme en mi cometido. Miro el reloj, lo contemplo como deidad apocalíptica. La voz en la bocina pide a los pasajeros del tren de las seis preparar sus equipajes, en unos minutos arribara a la estación. Una excitación pueril me invade, se parece tanto a cuando fumé mi primer cigarrillo de mariguana. Después vinieron los polvos, las anfetas, las agujas, los hospitales, la abulia, los llantos, como si llorar valiera la pena en este mundo. Las cinco cuarenta y ocho, me dirijo a los sanitarios y observo por última vez mi rostro en el espejo.  Observo como fantasmas brotan de mi espalda, todos  y cada uno de los que me hicieron este ser miserable, mi madre y sus miles de amantes, mi padre y su  discurso de rectitud, mi abuela y su llanto incesante colmada de golpes de pecho, los profesores y sus discursos gastados sobre el saber y la vida, Joel y su complicidad suicida, Lola y los miles de espantapájaros en los que refugie el cuerpo, Anet y sus ojos suplicantes, su amor incondicional cuando yo menos la quería. Las  cinco cincuenta y nueve me dirijo al andén. Dispongo de unos segundos, escucho el silbato, ha llegado la hora. La voz en la bocina anuncia el arribo del tren, tomo impulso, salto, el impacto destroza cada uno de mis huesos, pero el dolor es momentáneo, puedo ver  mis despojos y sentir, al final tenía razón. La muerte es un orgasmo eterno.




lunes, 28 de noviembre de 2011

Calaverita de azúcar

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos"
                                                     Cesare Pavese
Vendrá la revolución y tendrá tus ojos, yo le daré mis manos

lunes, 24 de octubre de 2011

Memoria, desmemoria y Karma

   Hace unos días decidí  saldar algunas deudas con el destino, así como en la película de Alguien tiene que ceder (sí, sí  yo sé que  no es la mejor película del universo, pero Jack Nicolson me encanta. Sí, también  yo sé que podría ser mi abuelo, pero es muy buen actor, además era tan  sexy) decidí  ponerme en contacto, con las personas con las que en algún momento no he sido amable; por alguna razón se me metió en la cabeza  que  esta racha de mala suerte y mal de amores, en realidad  se debe al Karma; así que me puse en acción y conseguí los correos, teléfonos y direcciones de las personas a  las que en algún momento les rompí el corazón, tampoco es que sean tantas, pero digamos que si son algunas más de las que me gustaría reconocer.

 Supongo que a todas ellas les resultó extraño tener noticias mías después de tanto tiempo. Mientras redactaba cada una de las notas de disculpa, me preguntaba si realmente tenía sentido muy seguramente ya ni se acordarían de tal caso. No es que pensara mandarle nota hasta al niño de cuarto de primaria que se quería casar conmigo cuando creciéramos y yo le dije que no porque era tartamudo y yo no quería que mis hijos fueran tartamudos. Después de todo con  él en la adolescencia fuimos muy buenos amigos  y ahora, tiene una linda esposa y dos retoños, debe agradecer no haberse casado conmigo. 

 Seguí adelante con mi cometido envié correos un par de mensajes por celular y me senté a esperar respuesta, pocos contestaron y los que lo hicieron fue con un comprometido “gracias”, o” ya está olvidado”, supongo pues que así operamos los humanos, olvidamos, hacemos que deje de doler bajo la premisa de si no lo recuerdo no existe. En alguna medida esto debe ser sano, pues siempre es necesario seguir adelante, pero en otros aspectos me parece triste, es como si la gente pasara por nuestras vidas para dejar espacios en blanco.

Dándole vueltas a este asunto, pensaba en mi capacidad de olvido, que es nula o mínima, sí claro que olvido dónde he dejado las llaves o cómo se llama el director de la película justo al salir de la sala, olvido cómo llegar a algún sitio si no es después de unas diez veces de visitarlo, pero nunca olvido  los rostros, los gestos, las palabras, las manías, los tonos de voz, el olor, la forma de las manos, el timbre de la risa de quienes han pasado por mi vida, es como llevarlos tatuados, y pudieron romperme el corazón o no, pude haber sufrido o gozado, fueron importantes y aquí van, viajan conmigo.

Sí, sé que no es fácil de entender, hay quien me ha dicho que es como vivir en una casa embrujada, pero yo no lo creo así, es más sencillo que eso, es simplemente saber que las personas no son desechable y que si en algún momento damos la llave para que alguien entre es porque algo valioso encontramos en ese alguien y si las cosas no funcionan, no van por donde esperábamos, no quiere decir que el otro pierda valía.  Es cómo tener un  condominio en la memoria, donde los momentos y las personas se quedan para siempre, porque son importantes.   Nunca he mentido cuando digo “Yo te voy a llevar conmigo siempre” .

sábado, 22 de octubre de 2011

palabras

En el último momento, mientras todo (literalmente) arde me decido a desnudar las palabras, mostrarlas descarnadas, no las quiero llevar conmigo, al final nunca supe usar las correctas, siempre fueron otras, debidamente cuidadas pero otras.   Toda la vida creí en las propiedades mágicas de ellas, quizás por eso las usaba con tanto tiento, siempre fui una aprendiz del lenguaje y en mi afán de perfeccionar tal arte, nunca pude decir la verdad. No, eso no quiere decir que todo haya sido una mentira en sentido estricto, se trato más bien de una develación constante, de un habitar en el límite y asimilar la caída.  Sé muy bien ahora, cualquier cosa que diga será utilizada en mi contra, pero  no me importa, de cualquier forma no hay manera de desentintar las hojas, para contar otras historias, explorar otros mundos o mirar otros ojos.  

Descubrí quizás antes de lo debido la luz en las palabras y desde entonces me enamore de la noche, me volví amante precoz de cada desquicio de oscuridad donde ellas pudieran brillar, deje de ser yo acercándome cada vez más a las miles que me habitan, renuncie al uno para enlazarme infinitamente con lo múltiple, suspendí el andar por el camino recto y me abrace a la posibilidad. Es quizás esta la condena, un pozo sin fondo, una caída interminable, un incendio de letras, pero no me importa, ahora ya no vale regresar las paginas, he cegado mis ojos y arrancado mi lengua, he renunciado a todas mis facultades mentales exceptuando la de imaginar, única bendición para los de mi especie.
Sé que al llegar la mañana será alguien más quien ordené a mis manos lo que deban decir, por eso mismo no tengo reparos en arrancarme la piel a girones, en mirar mis huesos y sentir lástima de quienes también los observen. En un acto masoquista, me obligo esta noche a decir cuanto es preciso para saber que no soy yo, que tampoco es otra, que nunca es alguien, es solo el vacio posesionándose de los instantes, robándome las ganas, arrebatándome el sentido y dejándome a cambio miles y miles de palabras descarnadas.

Nunca quise mirar la verdad a la cara, yo nunca la busque, pero es imposible volver a poner a grilletes una vez que se ha develado la sombra.

jueves, 13 de octubre de 2011

Tiempo

El insomnio es un nuevo amigo de mis noches, llega justo antes de que se apaguen las  luces y se va muy sonriente justo antes de que vuelvan a encenderse. Al principio amablemente le pedía que se fuera, pues las jornadas de trabajo después de una noche de insomnio  son insufribles, pero no, no funcionó, entonces opté por tratar de echarlo por la fuerza, arrancándome los pelos, tomando leche caliente, contando borreguitos, practicando meditación zen, hasta el baño con hojas de lechuga intenté, pero nada, instalado ya en mi días como quien siempre ha vivido ahí.  Deje de resistirme a la vigilia, creo que mi cuerpo esta adaptándose a dormir cuatro horas por día y si lo pienso bien, es hasta productivo, por primera vez en mucho tiempo voy al corriente con mis reportes, he estado dándole un poco a la corrección de mis cuentos  que tenía tan olvidados, he leído un par de cosas que tenía en lista de espera y he visto películas que parecía que sólo había comprado para rellenar ese espacio en el librero.  Anoche precisamente vi algo bastante intenso, una película que se me había resistido desde ya hace algunos meses y que más que hablar de mi insomnio y mis hábitos noctámbulos es lo que me ocupa en este post.


Tiempo, un filme coreano del director Kim Ki-Duk, una película de amor, sí, suponen bien, de otro tipo de amor, un amor enfermo. Ella una chica linda que decide cambiar su rostro completamente por miedo a que él pueda cansarse con el paso del tiempo de ver siempre la misma cara, del mismo cuerpo. Él un hombre sencillo y perdidamente enamorado de su neurótica, posesiva y celosa novia.   La historia va del abandono,  la búsqueda,  la reinvención literal, la desesperación, el deseo, la lealtad, la confusión y la cascada infinita de emociones encontradas que  se generan en torno a esta necesidad de sentirse amado, de pretender ser todo para alguien, ser todo y serlo todo el tiempo.

De una manera muy sutil aunque sin dejar de tener partes visualmente violentas, Kim Ki-Duk, plantea interrogantes fuertes sobre el amor y las relaciones humanas a través del tiempo, ¿Será que realmente podemos amarnos toda la vida? ¿Qué tanto la reinvención nos pierde? ¿Cuáles son los límites del amor?  Además de cuestiones de identidad y belleza.

Debo agregar que el escenario principal de la película es hermoso, el parque de las esculturas en la isla de Mo, está isla pertenece a un escultor llamado Lee Il-ho,  quien exhibe su trabajo de forma permanente en la isla. La esculturas que aparecen en la película son todas con temáticas amorosas y/o eróticas,  hermoso, si a eso agregamos la maravillosa fotografía del filme, aquello se vuelve en un festín visual digno de ser apreciado por todos.

Después de ver tiempo, menos pude dormir.  Pasé la noche repasando las posibles respuestas a las interrogantes que quedan abiertas en el filme.
http://www.youtube.com/watch?v=7zQE-CSzodg

lunes, 10 de octubre de 2011

Sobre los amores de 3° de primaria

La eterna indefinición del amor, la pregunta perpetua sobre qué sea y cómo se sienta. Creo que conforme crecemos y aprendemos a diagramar, categorizar, etiquetar y un largo etcétera, nos alejamos más y más del  estado puro de ese sentimiento.

 Hoy mientras yo me paraba de cabeza tratando de captar la atención de un grupo de estudiantes de tercer año, al fondo del salón un papelito  rondaba de mano en mano,  lo intercepté justo antes de que llegara su destinataria ( he de confesar que después eso me hizo sentir muy mal)   al abrirlo y leerlo, en automático una sonrisa inconsciente se apodero de mi rostro, alguna mariposa en la memoria se manifestó en mi estomago y creo que por unos segundos me alejé completamente del aula de clases.  Guardé la hoja en la bolsa de mi chamarra, le sonreí al emisor y volví a pedir la atención de todos para continuar con la clase.

Sí, es cierto  ahora tendré que trabajar arduamente sobre la escritura de este chico, pero creo que hoy aprendí mucho, mucho de él, o recordé al menos: el amor tendría que ser así, espontaneo, sencillo, intenso, arriesgado y otro largo etcétera de adjetivos que se van olvidando con los años.

jueves, 6 de octubre de 2011

No

Si te dijeron no, es porque pediste…
Alejandra Pizarnik
Decir No, escuchar un No, pretender un No, pensar un No.  Palabra más fea esa, ¿Necesaria? Sí, a veces, inesperada casi siempre. Un enorme NO, atraviesa nuestras vidas, vivimos cercados por la negación, siempre hay algo que se nos niega, algo que nos es inalcanzable. Supongo que aprendemos a vivir con ello, supongo que no es tan grave, al final ese conjunto de NOs, permite la reinvención cada día, la construcción, deconstrucción y reconstrucción de nuestras esencias, la afirmación de nuestros SIs.

Pese a ello, es angustioso y desgastante cada vez que los labios de alguien se abren ante nuestros ojos para decir NO, incluso es difícil que sean los nuestros, nuestros labios los que nieguen,  cada vez que se enuncia este monosílabo, una fractura desde muy pequeña hasta inconmensurable se abre en el otro.  

Desconozco el tamaño de mi herida, pero persisto, espero, anhelo en algún momento mi NO, tu No, su NO, en algún momento se abra en mil posibilidades.

domingo, 2 de octubre de 2011

Princesas

Crecí bajo el apreciativo princesa, mi padre siempre me llamó así, hasta la fecha cuando suena el teléfono y es él, la pregunta que inaugura la llamada es ¿Cómo está mi princesa? Eso me hacía suponer que él era un rey y mi madre una reina, que vivíamos en un castillo y algún día vendría un príncipe a rescatarme.  Ahora sigue siendo lindo escuchar eso en su voz, es maravilloso sentirme la heredera de ese reino de amor y locura que construyeron ellos para mí, pero sé los príncipes no existen, los castillos quedaron atrás y la vida es distinta.   

                Una noche de sábado, rememorando la infancia  viendo Caballeros del Zodiaco y tomando un tinto olvidado, una reflexión quizás absurda viene a mi cabeza y cómo es natural o raro, lo plasmo en este espacio de debrayes y voces que gritan desde el fondo de las yemas de mis dedos. Cuando yo fui infante, como niña que soy, ser princesa era “la unidad mínima asequible”, la delicada fémina que esperaba por el gentil caballero que estuviera dispuesto a dar su reino por ella; la verdad nunca me compré la historia, pero no parecía tan inverosímil, incluso conforme crecí, vi un par de historias bajo ese talante, hermosas chicas casándose con atractivos jóvenes bien ponderados en la sociedad, teniendo hijos lindos y viviendo en  ese ensueño prefabricado culturalmente para las “princesas”.

                Nunca sentí envidia de ellas, pero siempre me sentí distinta, mis relaciones complicadas nunca han tenido más futuro que lo inmediato, quizás cuando me he enamorado he logrado vislumbrar un futuro a 1 año quizás 2, futuro que implica viajes, pasiones y locuras, nunca hijos, ni perros, ni casas con un tejado y una barda. Pero no es eso lo que me ocupa en las reflexiones de esta noche. Pensaba en mis conversaciones con adolescentes o en esas conversaciones raras que uno sin querer queriendo escucha en los vagones del metro entre jóvenes de una generación después. En mis tiempos de adolescente, ser  “puta” ser “perra” era un peyorativo por excelencia, un calificativo mordaz, que se daban las mujeres mismas para clasificar a las chicas que habían decidido, optado o aceptado conocer los placeres carnales, versus claro está, a las que optaban por cumplir con ese precepto moral  de llevar una vida casta, pura, conservar la virginidad hasta qué un anillo luciera en sus mano y un vestido blanco las esperara para entregarse por amor al caballero digno de poseerlas. Ahora es curioso ir por las calles bajando el volumen al ipod por un momento y escuchar a las niñas que salen del bachillerato hablando de manera abierta y desinhibida de sus experiencias sexuales, o conversar unos minutos con adolescentes que se autodenominan orgullosamente “perras”.

                Es complicado clasificar, de hecho no habría porque hacer tal cosa, pero como humanoide femenino del planeta me atrae  inevitablemente la reflexión ante la evolución de los preceptos, las implicaciones del catálogo, ser “princesa”  o ser “perra”, la princesa espera, la perra va, la princesa es intocable, la otra todo puede tocarlo, la primera ama incondicionalmente, la segunda nunca se entrega ergo, nunca ama. Que complicado, pareciera que las dimensiones del amor para las mujeres siguen siendo ajenas, parece que saltamos de ser objeto para ser utilitarias; siento, presiento que hablando desde este territorio del género la felicidad sigue siendo inalcanzable, porque o lo entregas todo o sólo lo utilizas.

                Es quizás este el punto más arraigado de mi pleito con la diferencia, por qué habríamos de vetar una u otra parte, porque no reconocernos humanos todos, deseantes, amantes, dueños de un cuerpo que anhela sentirse dueño, esclavo, lascivo, poseído, propio, ajeno, pero también de un corazón, latiente, vulnerable, multifacético, viviente, amante.

                Reitero, es complicado, siempre me supe diferente, pero me gusta saberme princesa, nunca he esperado un príncipe que me rescate, pero me encantaría compartir mi reino con alguien a quien mire a los ojos y me reconozca y le reconozca, amante deseante loco, etc.

                Quizás la final de todo no sea un problema de género, sino de humanidad, de los que entendemos y vemos distinto, a los que los estereotipos no nos van, porque no somos ni perras ni princesas, ni machos ni maricas, sino humanos, buscando sentir placer, amor deseo, locura desbordándose por los poros y diciendo estás aquí te siento, no importa mañana, no importa nunca, importa hoy, y quizás está noche sea una o quizás sean el resto de mis noches, pero es por eso que tiene sentido estar aquí.

martes, 27 de septiembre de 2011

Ejercicios piromanos

En el último momento,  mientras todo (literalmente) arde me decido a desnudar las palabras, mostrarlas descarnadas, no las quiero llevar conmigo, al final nunca supe usar las correctas, siempre fueron otras, debidamente cuidadas pero otras, nunca las necesarias.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El juego



Instintivamente buscas el revólver bajo tu almohada, el frío del metal te hace sentir tranquilo, por un momento te piensas a salvo. Intentas volver a dormir, pero es inútil, el miedo se ha apoderado de ti, es perturbador siquiera cerrar los ojos. En cualquier momento ella llegara. Lo sabes porque ha sido siempre así, predecible, constante. Ella juega contigo los días pares del calendario. El arma sólo tiene un tiro, deseas que sea para ti y esto termine de una vez.

Deambulas aletargado, miras por la ventana, puedes verla entrar en el edificio,  las manos te sudan y todo el cuerpo se estremece. Escuchas el taconeo de sus pasos ya muy cerca de la puerta, por un segundo consideras no abrir, llevas el cañón a tu cien, no quieres seguir en su juego,  no puedes disparar, no puedes parar el juego, es ella tan hermosa,   en lugar de poner fin, abres la puerta aún antes de siquiera escuchar el golpeteo de sus dedos.

Conoce muy bien tu guarida, sabe perfectamente los lugares dónde podrías ocultar el arma, ya has pasado antes por ahí y su sonrisa burlona no es grata,  prefieres entregársela y suplicarle lo haga cuando menos duela, cuando menos en ti te encuentres. Sus labios rojos sonríen y al tiempo que se quita la ropa, menciona como su instinto de bestia no le permite menguar tu dolor en ningún momento.  Ordena te desnudes, te hundes en su cuerpo, la cadencia de sus caderas te hace olvidar el juego. Sientes como el universo revienta en el centro de sus cuerpos.  Primer espasmo: ella acerca el cañón a tu cara dispara, nada. Segundo espasmo es tu turno, apuntas a su corazón, te acobardas, no puedes disparar y si esta vez tocara la bala ¿podrías vivir con ello?,  son las reglas del juego y antes de que el placer mengüe, disparas, nada. Tercer espasmo, ella pone  el cañón en tu boca, aprieta el gatillo, un fuerte estallido resuena, el arma cae, es cuestión de  segundos, ganaste, esta noche por fin ganaste, la bala es tuya, la muerte llega. Pero no pasa nada, sigues vivo y asustado, el sabor del metal  en tus labios, la luz colándose por tus ojos, no pasa nada, sigues vivo, despiertas, ella no vendrá nunca más, una vez que has ganado el juego, no es necesario volver.

lunes, 19 de septiembre de 2011

de aquí para allá

De aquí para allá

Nunca resulta sencillo adivinar de qué lado del espejo se despierta, me horroriza pensar que por alguna razón siempre lo hago del lado equivocado. La abuela siempre decía que habría que poner unas hojitas de  malva bajo la almohada para no ir al mundo de las brujas mientras se sueña.  A mi soñar me parece vivir horas extras. Quizás por eso nunca estoy segura de si he despertado aquí, o en realidad estoy allá. A veces allá es evidentemente distinto, pues aquí no se puede volar como se hace allá pero hay días en los que aquí es tan extraño que pareciera completamente allá.  No estoy muy segura de preferir el sueño a la vigilia, me asusta ser una hormiga, creo que soy muy pequeña para pretender ser algo tan grande. Cuando despierto de este lado del espejo que no sé muy bien si es aquí o es allá, siento como el cuerpo se vuelve ligero, por el contrario cuando abro los ojos y estoy del otro lado, una pesadez extraña se apodera de mí y  me cuesta mucho moverme.  Las personas también son distintas en un lado y el otro. Las personas de aquí no me gustan, sospecho muy seriamente que sean fantasmas y no gente.  La abuela creía que yo era un alma vieja, quizás tenía razón, vivir a turnos dobles y confundida debió hacerme envejecer.

lunes, 12 de septiembre de 2011

500 días con ella

Tres premisas indispensables para leer este post.

a)      Ha sufrido ya una decepción amorosa que lo dejo destrozado y llorando como nene o nena.

b)      Alguna vez se  ha enamorado perdidamente de alguien con quien tuvo intimidad pero que claramente le dijo “no me interesa tener una relación”.

c)       Usted sigue pensando que el amor existe.

Muy bien si cumple con por lo menos una de las tres anteriores, puede seguir adelante con la lectura, en caso contrario, mi recomendación es no pierda tiempo, viva un poco más, salga a la calle a buscar al amor de su vida, tenga sexo desenfrenado con alguien para terminar enamorado de ese alguien, permita que le rompan el corazón, llore inconsolablemente y después sólo después ya que haya superado la etapa más dolorosa y esté dispuesto a continuar con su vida venga y lea este post.

500 días con ella es una comedia romántica, o por lo menos ahí la colocan  los que se encargan de hacer las clasificaciones de las películas. A mí me parece que aunque tiene tintes románticos, tiernos, de esos donde las hormonas suspiran y dan ganas de tener un Tom o una Summer cerca, no es precisamente una historia de amor, o por lo menos  no del amor rosa,  ese amor irreal con el  que nos ha enfermado la cabeza desde niños  Disney.   La forma en que se va contando la historia no es lineal, es un ir y venir entre los 500 días, teniendo una combinación dolor, placer, confusión, frustración, desesperación, alegría, asombro, complicidad, esperanza, deseo y todas esas cosas que en realidad se sienten cuando te enamoras, cuando tú encuentras al amor de tu vida, pero el amor de tu vida no te encuentra a ti. 

Al final Tom no se queda con la chica, Summer se casa con alguien más, pero no es eso lo importante. Lo importante es ver a Tom salir a comprar Wiskey en bata, verle rompiendo platos como poseído y sufriendo infinitamente, hasta que no le queda más que  dejar de conmiserarse y regresar al mundo. No al mundo de antes de Summer, no al mundo con Summer, a un nuevo mundo, donde hay mil cosas por descubrirse, donde el amor aún existe.

Pfff, esperanzador final, no sé si son las hormonas  o un vestigio de  esperanza las que teclean el post del día de hoy, pero me ha gustado mucho la película, una comedia romántica inteligente, muy bien armada y además con una musicalización popera, sí  muy pop pero muy agradable.

Vi esta película por un pacto, juego, competencia el producto que da prueba de que la he visto es un dibujo y una frase, el dibujo no lo posteare porque apesto como dibujante, pero la frase sí, dos frases me gustaron mucho:

“No me gusta ser novia de nadie, en realidad no me gusta ser nada de nadie”

“Robín no es la chica de mis sueños, ella es mejor que eso, es real”

(agrego foto de Matthew Gray Gubler, porque aunque su personaje es completamente secundario, fue su frase la que más me ha gustado, además de que bueno O por Dios, etc. etc.)

El temblor Remasterizado

Deje el psicoanálisis y regresé a las letras, alguien por ahí me dijo que mejor sería escribir cartas, lo reconsideré y abandoné al analista y me inscribí en un taller de creación literaria, han surgido un par de cosas interesantes y he tenido oportunidad de regresar a mis viejos textos para pasarles el hacha y quitando la aprensión que normalmente me impide corregirlos les he dado una manita de gato, así que les comparto este texto remasterizado.



El temblor



   “Despiértenme cuando pase el temblor”

Soda estéreo

    Hugo se levantó paladeando el desagradable sabor del metal que le había dejado el sueño; Mirey aún dormía. La habitación estaba intacta, nadie sospecharía del terremoto de unas horas atrás, la ciudad estaba en ruinas. La radio comenzaba a dar las primeras estadísticas de los daños, Hugo se asomo por la ventana y sorbió tranquilamente su café, en realidad no le importaba  nada  tras aquel umbral que lo separaba de la tragedia  del resto de los habitantes. Regresó a la cama y buscó instintivamente el sexo de Mirey, quería encontrar nuevamente el ensueño extasiante de los ojos verdes de ella cuando se desorbitaban ante el placer, ella lo recibió sin mayor interés pero sin poner resistencia, hicieron tibiamente el amor sin emitir sonido alguno, inconscientemente los dos sabían todo había llegado a su fin, no había marcha atrás ya no tenían tiempo de reconstruirse, el terremoto no había tocado su casa, pero la historia no les permitiría volver a ponerse en pie como al resto de la  ciudad.

     Mirey conoció a Hugo una noche sin más que humo en el bolsillo y nostalgia en la mirada; él trabajaba en un negocio cerca del centro, siempre tomaba el mismo camino a casa, pero un par de noches atrás había tomado la determinación de nunca volver a pasar  dos veces por el mismo sitio. Comenzó por alternar las calles, explorando diferentes formas para llegar a casa.  Esa noche, en esa hora incierta, ahí estaba ella, con un abrigo hasta las rodillas y una boina a la francesa que la hacía lucir peculiar, ella se acercó con el afán de  conseguir fuego para su cigarro, él quedó prendado de ese par de ojos verdes ocultos bajo unas gafas amplias. Caminaron un par de calles sin cruzar ninguna palabra útil o inteligente: "Me llamo Mirey"  "soy empleado de un hotel cercano" " No me gusta el frío"  y un bla bla bla bla sin dirección ni pretensión alguna, aunque en realidad eso no importaba, sólo bastaría llegar al punto donde sus destinos se bifurcaran para cambiar de  página y poner ese encuentro con las cosas  sin importancia del día que pronto se olvidan; pero eso no sucedió o por lo menos no esa noche, esa noche caminaron muchas calles más.

   Hugo se levantó  y preguntó a quema ropa -te vas tú o seré yo quien se marche- Mirey bostezó indiferente al tiempo que levantaba los hombros para hacer más evidente su desinterés ante la situación, él comenzó a vestirse decepcionado de la reacción de ella ante sus palabras, no lo creía posible, cuatro años de su vida se desmoronaban ante él, sin provocar el menor estruendo. Se asomó nuevamente por la ventana y pudo sentir la desolación reinante en las calles, la impotencia de la gente,  la mayoría lo habían perdido todo. Él sentía algo similar, sabía no quedaba más, esos cautivantes ojos verdes de aquella noche y de tantas mañanas se cerraban para siempre. Habría sido mejor si el terremoto hubiera acabado con él, con su casa y con ella, sobre todo con ella.

    Mirey se acomodó nuevamente y volvió a dormir, soñó ser un pez, uno de agua dulce, un pez de agua dulce en un enorme océano salado,  nadaba entre los demás peces, ninguno entendía su asfixia. Despertó sobresaltada, Hugo se había marchado, los estantes estaban vacios y ahora justo ahora quería pedirle no lo hiciera, el océano del sueño broto por sus ojos, siempre había sido así, tarde muy tarde.

  

Hugo no tenía a donde ir, la ciudad estaba destrozada, se respiraba en todo sitio la desolación de ellos, los otros, los que no entendían porqué él cambiaria de lugar con cualquiera,  en ese momento preferiría ser él quien estuviera enterrado entre los escombros. Una mujer se acercó para pedirle una moneda, buscó en su bolso y le entregó un par de billetes arrugados, sentía nauseas, asco ante la podredumbre que pisaba a cada paso, no entendía como la naturaleza, dios o el azar tramposo podía acabar con el mundo entero de una sacudida. Tampoco entendía  cómo sin sacudida, su mundo estaba hoy en trizas. Todo era confuso, quería odiarla, desear realmente fuera ella quien se acercara mendigando  ahora no fuego sino piedad, quería tener el poder de pisar su cabeza en un charco de sangre al siguiente paso, pero no podía, la amaba, la amaba tanto, la necesitaba.

   

            Mirey seguía desnuda, postrada sobre la cama, en silencio, esperando la puerta se abriera y él estuviera de vuelta, tarde entendía cuanto lo amaba, tarde extendía los brazos para alcanzarle. Se puso en pie, buscó su abrigo y su boina, puso los tres cigarros que le restaban en la bolsa izquierda y salió, así, descalza y sin más ropa que el viejo abrigo  y la boina francesa, caminó incesantemente entre las ruinas de la ciudad y llego a la calle donde años atrás un extraño de andar discreto le ofreció fuego  y una soledad compartida.

     Hugo gurdo sus manos en el pantalón y sintió el encendedor entre sus dedos, vinieron a él  inmediatamente los recuerdos del primer encuentro,  algunas lagrimas escaparon de sus ojos, ganas incesantes de volver, atravesar la puerta,   andar por esa calle donde se encontraron; apretó el paso y avanzo firme, supuso que aún era tiempo, que la encontraría dormida, y le contaría una historia nueva; tal vez regresando por aquellas calles la encontraría nuevamente con su boina y su abrigo, sonrió, por un segundo imaginó el cuadro, pero entonces recordó la premisa aquella noche: "nunca más por el mismo sitio", soltó el encendedor viró a la derecha y se perdió entre los damnificados que había dejado el temblor.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Fragmentos de locura

Desconocía por completo el momento justo en el que las paredes comenzaron a hablarle, una mañana se descubrió en medio del colorido cuarto, cubriendo afanosamente con una mano el orificio por donde estaba segura habían estado escapando las ideas. De pronto, una voz proveniente del muro del fondo comenzó a contarle una historia fantástica, al principio era complicado entenderle, pues su tono gutural hacia confundirle con un gruñido, con un eco guardado o con un murmuro muy grave. Desde su llegada a ese lugar, no había cruzado palabra con nadie, quizás por eso el hecho de escuchar una voz que no era la suya, la reconfortaba, prefirió no preguntarse por la procedencia y la lógica de un muro que habla, asumió que como todos aseveraban, estaba loca y en la locura era “normal” sentir que las ideas escapan y conversar con las cosas. Aunque bueno, no podría decirse que ella conversaba propiamente con las paredes, sólo las escuchaba.


No siempre era la misma la intensidad de las voces que emanaban de las paredes, a veces susurraban, otras gritaban frenéticamente, ella no sentía miedo, hacía mucho tiempo que no experimentaba tal cosa, en ese cuarto, en ese lugar todo era posible, estaba fascinada con su locura y el universo interminable que había venido con ella. Descubrió una constante en el sonido, si ella quitaba la mano de su cabeza, las voces eran más fuertes, más claras, si ella volvía a tapar el lugar por donde le escapaban las ideas, las voces se hacían tenues. Lo pensó un segundo y concluyó, las paredes habían estado robando sus ideas, por eso su cabeza era cada vez más ligera, por eso cada vez había más color en los muros, volvió a agradecer su locura, esa bendita locura, que entre muros, historias, colores e ideas se creaba y recreaba en sus manos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Locura



Estados espirovolitivos voluntarios
 
Cada vez me asusta menos la locura, el desdoblamiento de mis voces, las miles de noches escondidas en mis manos, la extravagancia de las luces, los días, el tiempo, los ecos,  las miradas y el sin fin de realidades inciertas que muy de cerca coquetean con mi razón. 

martes, 30 de agosto de 2011

Sola

Anoche hablaba con ella, evasiva como siempre, enredaba sus dedos en mi cabello para no contestarme. Me exaspera la contundencia que tiene para encajar sus uñas en mi espalda y hacerme amarla cuando tanto la detesto. Se fumó mis cigarrillos, se bebió mi cerveza y manchó mi teclado con palabras llanas, con quejas pueriles, de pasados mejores, de un presente ambiguo, de tiempos no venideros. La observé, le reñí, pero como siempre, es ella más fuerte que yo, basta su fría mano posándose un segundo sobre mi hombro, para corroborar: le pertenezco.


Entonces ella y yo escribimos cartas. Sí, cartas: largas, alegres, formales, cortas, confidenciales, tristes, hermosas, emotivas, absurdas, frías, honestas, crueles, falsas, etc. Cartas. Algunas las firmé yo, la mayoría lo hizo ella, en realidad no importa, no tienen destinatario alguno. Cuando llegó la mañana y la rutina la hizo brincar para huir por la ventana, me susurró al oído a manera de despedida: Buen día, triste hermana, sola, sola, sola..

viernes, 26 de agosto de 2011

Caligrama

Costó mucho trabajo, pero al final me siento muy feliz con mi caligrama.

lunes, 22 de agosto de 2011

Ojos

Fue un día de almas ligeras y ojos callados. Los míos, mis ojos, por el contrario no pararon de hablar, un parloteo incesante los mantuvo ocupados todo el día. Por la mañana conversaron con el espejo, no estoy segura, pero algo me hace suponer que discutieron, no me extrañaría, eso pasa siempre que ese par de descarados se ponen a contar secretos a esos otros dos discretos, que atentos del otro lado observan, se miran, se escuchan y más temprano que tarde, los de dentro terminan por llorar.


Subí al vagón del metro, repleto como ya dije, de almas ligeras, de miradas mudas. Sé que suena contradictorio decir que el alma es ligera cuando los ojos no hablan, pero es real, basta mirar cómo todos ahí dentro se vuelven etéreos, hasta el punto mismo de parecer inexistentes. Y entonces mis ojos comenzaron un monólogo sobre el absurdo entre la multitud, los sorprendí por el cristal diciendo impertinencias, traté de reprenderlos, pero en realidad a ellos poco les importan mis reparos.

A veces me preocupa la soltura del discurso con que a todo mundo van contándole, mis alegrías, mis sin razones, mis penas, mis delirios. Pero al final, qué más da, soy un alma pesada, con unos ojos parlantes, que no paran, ni un minuto, todo el tiempo hablan.

martes, 16 de agosto de 2011

Una mañana cualquiera

Desperté con las palabras del sueño en las manos, aún podía sentirlas, no terminaron de desmaterializarse sino hasta minutos después de haber abierto los ojos.  Siempre sucede así, la mañana termina de a poco pero sin piedad, con los desquicios de libertad que durante la noche disfruto.  Incorporarse a la rutina cada vez  resulta más complicado, por lo general comienzo con  la taza de café, que más o menos des aletarga mis sentidos y me permite comenzar a reconocerme, observar mis  manos que no me son del todo familiares, me hace pensar que este cuerpo no me pertenece, siento que usurpara un lugar en el mundo, en este mundo al menos.

jueves, 11 de agosto de 2011

Estrenado 28 o Más sabe el diablo, etc.

Mi amigo Román, tiene una forma fenomenal de hacerme sentir bien cada que comienzo a mal viajarme por estar en la antesala del tercer piso, habla sobre la intensidad y la locura, de las noches y los excesos, de los placeres y el sexo, de la intelectualidad y el arte, del conocimiento y el trabajo, al conjunto de todas esas características las llama: ser un adulto contemporáneo. Muchas de esas cosas son clichés raros, que en algún momento encajaron conmigo, pero que ahora no son más que intensos recuerdos otras las sigo disfrutando, como cuando recién se descubren. Contemporáneamente o a la antigua he llegado a la precisa edad de 28 años, logré llegar a esta cifra sin deprimirme de manera previa, por el contrario, esperaba ansiosa, los regalos, la fiesta, los abrazos, las reflexiones y todas esas cosas que vienen con los cumpleaños


Pasaron cosas muy interesantes la semana previa al cumpleaños, por ejemplo el lunes una caja misteriosa con los primeros 6 tomos de En busca del tiempo perdido, con una botella de tinto y un anónimo que decía: Mi último suspiro, si quieres el séptimo encuéntrame, Feliz cumpleaños. La verdad es que de inicio, no quería ni abrir los libros, que tal si tenían ántrax o algo parecido. Después pensé que tenía un acosador y claro cómo producto de horas y horas, viendo mentes criminales, asumí que el ignoto tendría que ser un hombre caucásico, a falta de Spencer (o por dios chiquito papá), comencé la investigación, hice una lista de sospechosos, en realidad era una lista muy pequeña, no hay tanta gente en este planeta que tuviera tan lindo detalle conmigo, fui tachándolos de uno por uno, a “X” porque Proust le puede sonar a marca de condones, a “Y” porque es proporcionalmente culto a su tacañería, a “Z” porque me entreviste con él y pude ver en sus ojos que no mentía cuando decía que él se declaraba inocente.

Cierto extraterrestre que rondaba mi tierra, me dio unas lecciones de vida intergaláctica maravillosas, útiles pero al mismo tiempo muy reveladoras, parecía en este momento que el mundo se venía abajo, después de observar el infinito, el mundo se vuelve tan pequeño, pero comprendí casi al instante que por eso mismo, más y más valioso.

Otro día de esa semana un corazón roto en casa, me obligó a descorchar el vino enviado por el ignoto, además de una botella más abandonada por mi ahora abstemio vecino, y entre charlas de faldas y de pantalones, mi buen amigo Romy me permitió abrir el regalo que desde el lunes aguardaba en mi habitación, con un letrero especificando que no podía ser abierto hasta exactamente el día 30, pero ese día para aligerar el sufrimiento del corazón roto, de él por supuesto, pude quitar ese rojo papel de Puca, que cubría la caja para descubrir “o por dios, es grandioso” tenía, bueno ahora tengo en mis manos la serie completa de los Thundercats… uoooo!! La mera onda, ya tenía hasta ese momento dos regalos muy rifados, el primero de un ente desconocido y el segundo de mi Cuatisimo, hermano Romy.

Durante toda la semana estuve planeando mi gran fiesta “sorpresa” de cumpleaños, mandé la invitación por la red social de moda, el objetivo reventar la casa, el contra tiempo mi vecino que decidió era la mejor idea traer a su esposa y a sus tres hijas a pasar unos días en la casa, y lo digo así literalmente en la casa, no en la ciudad, no, no de vacaciones, no, en la casa. El panorama ante eso no fue bueno, parecía que las cosas comenzaban a no salir bien. La fiesta tuvo que ser pospuesta, con resultados desastrosos, los invitados no llegaron, la festejada se enfermo y todo termino en cuatro cajas de pañuelos desechables y una cantidad impresionante de mocos.

Como sea, el día de mi cumpleaños, tuve un pastel familiar, papá y mamá vinieron a verme (bueno en realidad vinieron a ver a León, pero aprovecharon para darme mi abracito), sople velitas, le mordí al pastel y esas cosas bellas que no se pierden como costumbre en mi familia.

Puff, ya para cerrar este post, los 28 empezaron como ha sido toda mi vida, un excitante espiral de acontecimientos, hasta el momento no se quien es el ignoto, pero ya no quiero saberlo, no he terminado de ver los Thundercats pero en eso estoy, mi familia sigue siendo uno de los pilares más sólidos y maravillosos que tengo, todavía no se me terminan los mocos, pero al menos sé que de esta gripe no estaba destinada a morir. Por último, como último acto de depuración, arme una carpeta con todas las fotografías de pasados dolientes, las comprimí, las mandé muy lejos de mi alcance y elevé mi ancla definitivamente, lloré, si lloré mucho, no es fácil cerrar una ventana que sin querer mantienes abierta, pero ya, es momento de navegar otros horizontes y encontrarse en otras miradas.

Creo que ahora si me excedí con la dimensión y lo personal del post, pero como siempre digo en estos casos, "ES MI BLOG Y ESCRIBO LO QUE QUIERA".

martes, 9 de agosto de 2011

Espejos

Ella le confesó su amor por los espejos.

Él se rompió en ese instante

dejándole como herencia

siete años de mal amor.

domingo, 7 de agosto de 2011

Los domingos



Aunque me resista a aceptarlo, soy un animal de costumbres y rutinas; los domingos acostumbro dejar que las palabras se amotinen en el cuerpo y al final broten como se les dé la gana, está no es una experiencia del todo placentera, más por el contrario, tendría que decir que es dolorosa, las palabras tienen garras y dientes afilados que lastiman en su paso apresurado y violento que busca desbordarse. Los demás días es más fácil enredarlas entre los dedos, entretenerlas entre lecturas y discursos, quizás hasta acariciarlas un poco, jugar con ellas como si fueran felinos domesticados que cuando les es preciso se acercan a ronronearle a su amo, en fin, utilizar las necesarias y fingir que no existe el resto.

Es domingo, es normal, las palabras se suicidan.

Mientras tanto.

18:10
…te conoce el tiempo enlazado, el vagabundo erótico que somos te conoce.”
Homero Aridijis
Las mañanas del mundo se conjuntaban de vez en cuando en el centro de su cuerpo, colapsando en mil brillos  obligándola inevitablemente a retorcerse un poco antes de salir de la cama. Hoy era un día de esos.  Pese al estallido de luces, ella se resistió a levantarse, permaneció observando cómo desde su ombligo se proyectaban rayos violetas hasta el techo. Cerró los ojos y comenzó sin intención de dormir, pero sí de prolongar el sueño, a reconstruir el escenario: él estaba ahí, ocupando el lado izquierdo de la cama, aunque esa no pareciera su cama, sino la de ese mundo onírico del que se había apropiado sin pedir permiso. Sus labios ligeramente abiertos dejaban escapar un tenue silbido que no llegaba a ser molesto, ella levantó la sabana y con las luces que se colaban  entre las cortinas se auxilió para observar el cuerpo desnudo postrado a su lado. Recorrió sin pudor cada centímetro  de piel que se le ofrecía  o  por lo menos no se le negaba.  Identificó cada surco, grieta, lunar, cicatriz que aquel cuerpo poseía; imaginó entonces se trataba de un mapa,  el mapa de un mundo desconocido, de una galaxia ajena, que no le pertenecía, que nunca habitaría, pero que esta mañana se le había permitido recrear en el ensueño que precede a la vigilia.  Se preguntó entonces como sería tocarle, andar con sus dedos como peregrinos descalzos por aquellos valles, por un momento sintió la tentación de aproximar sus labios hasta el  hombro derecho, pero temió eso acabará con la fantasía, así que se limitó a mirarle, a evocar  o registrar, no estaba muy segura, el olor de aquel hombre. Se recostó un momento, perdió de vista la imagen que un segundo atrás la ocupaba y se preguntó si él también la pensaría, si bajo aquellos parpados alguna imagen de ella se colaba. ¿De qué color serían sus sueños?  Un suspiro distante, que venía desde su yo que giraba en la cama, la hizo salir del letargo, era momento de despertar.

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Ella...

21:25
Ella, ese sur perpetuo, ese norte extremo, ese sabor a tierra mojada por el llanto de tres noches de  28  vidas cada una. Ella la de las ideas dispersas y las tristezas largas, la de la noche en la mirada y el verano en los dedos. Ella, ese navío olvidado en mitad del pantano. Ella la de los pies descalzos y las sonrisas en clave. La que abraza, la que hiere, la que ama, la que vive, la que olvida, la que muere, la que siente, la que piensa. Ella, la que no es ella, sino otra, siempre otra, nunca la adecuada, nunca la prudente, nunca la precisa. Ella la que escribe y la que calla. Ella, ese espejo en mitad de la nada, esa puerta sin destino, esa ventana sellada. Ella, ella que no soy yo, pero que sin saberlo yo soy un poco ella. 
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Qué alegría más tonta.

20:08
Los fantasmas que la habitan se han puesto de fiesta, los armarios de su mente son  una bulla constante desde hace unos días. Ella sonríe, sola, acompañada, sentada, de pie, de noche, de día, mientras sueña, mientras habla, cuando camina, mientras escribe, ella sonríe.   
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Se va

00:38
Una descarga de armas irrumpe mi noche, pensarte se vuelve menos importante cuando debo preguntarme la vida de quién quedo en la banqueta, uno menos ¿ de los bueno o de los malos? Pregunta ociosa en estos tiempos. La sirena opaca la música triste que te evocaba, un llanto aterrador irrumpe el mío que al final termina por parecer soso. Un tumulto se arremolina a mitad de la calle, una madre grita ante un cuerpo caliente al que se le escapa la vida, mejor o peor que la mía no lo sé, pero se va, escapa entre los techos del vecindario, por mi ventana siento que la veo pasar, me duele un instante, me indigna.   Mas sirenas, más gente, más llanto, menos vida.
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...

23:54
El universo se contraía en el centro de su cuerpo, los ojos fijos en el firmamento y de a poco la levedad que no ocupa gran espacio para hacer cimbrar al infinito.  Ella conocía el resultado sinnovedad de su obra, mezclarse con el cosmos nunca debió ser un invento. Era tarde para laproducción de arrepentimientos, la creación innecesaria de soledades la rompía y no tenía forma de pararlo, no ahora.
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Colores

18:16
Me concedo muchas libertades, soy imprudente, tomo lo que encuentro en el camino, lo hago mío y  puedo llegar a ser asfixiante.  He querido no ser así, pero entonces pierdo colores, es como si se tratara de una pintura a la que has dedicado una vida entera y al final te das cuenta que los colores saturan la escena y aunque es un lindo cuadro, esta saturado de color, entonces comienzas por borrar un poco de amarillo, y la pintura comienza a perder luminosidad, los azules se hacen más evidentes y sientes frío, entonces eliges quitar un poco de esos azules, dejando al descubierto, un rojo que se torna violento, y así continuas quitando uno a uno, y de pronto sólo la ausencia de color, una gran nada en el  lienzo, perdió cualquier rasgo.  No sé ser mesurada, no entiendo el mundo desde la perspectiva prudente y decorosa, pareciera que todo lo que llega a mis manos es una bomba a segundos de explotar. 

No hago un juicio, por lo menos no en este momento, deseo, deseo tantas cosas que me doy miedo.
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Auto retrato

18:39


Soy yo  rumoraba  la noche

Soy yo  jugueteaban mis manos

Soy yo  descalza y con la cara  sucia

Soy yo  la que espera, la que vive, la que sueña

Soy yo gritaron todas

Soy yo esa  piel de fruta

Soy yo esos días sin nombre

Soy yo relámpago y calma

Soy yo   angustia y delirio

Soy yo la que piensa

Soy yo la que habla

Soy yo la que escucha


Soy yo la que no es

Soy yo  carcajada sonora

Soy yo llanto desesperado

Soy yo golpe y silencio

Soy yo todas ellas

Soy yo la bifurcación de las noches

Soy yo cuerpo de larvas

Soy yo mujer de arena

Soy yo nostalgia en las manos

Soy yo humo olvidado

Soy yo ausencia presente

Soy yo con los pies al viento

Soy yo la que habita en la sombra

Soy yo  palabra, memoria y olvido

Soy yo ventana, espejo y silencio

Soy yo corazón y espinas

Soy yo monstruo de mil cabezas

Soy yo casa embrujada

Soy yo insomnio y tristeza

Soy yo colores y excesos

Soy yo  mujer de tres ojos

Soy yo animal de mil sexos

Soy yo miedo y promesa

Soy yo murmuraba la noche

Soy yo contestaba la luna.
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Para comenzar

23:31
“Todo cambiará en mi nueva vida pero ahora no”

Tenía muchas ideas para comenzar este post, había hecho una lista mental de la forma en que debían ir organizadas, hice otra lista de las palabras que debería usar: Laberinto, tú, sueño, él, yo, noche, zapato, corazón, etcétera.  Pero nada, las palabras se amotinan, se volvieron inconexas, absurdas, en fin, aquí mi primer post del año:

No todos, no siempre.
Esta es la que sueña
Las mañanas del mundo se conjuntaban de vez en cuando en el centro de su cuerpo, colapsando en mil brillos y obligándola inevitablemente a retorcerse un poco antes de salir de la cama. Hoy era un día de esos, pero pese al estallido de luces, ella se resistió a levantarse, permaneció observando cómo desde su ombligo se proyectaban rayos violetas hasta el techo. Cerró los ojos y comenzó sin intención de dormir, pero sí de prolongar el sueño, a reconstruir el escenario.  Él estaba ahí, en ese mundo onírico del que se había apropiado sin pedir permiso, sentado sobre un rascacielos jugaba los pies al viento.  Ella decidió no subir. La ventaja de soñar sin dormir, es el poder de decisión,  aunque no es absoluto tiene un rango de posibilidad más amplio que cuando se duerme. Metió las manos en sus bolsillos y comenzó a caminar, seguro que se trataba de una mañana muy fría, pues sentía como se entumían sus dedos, bajó la cabeza un poco para no sentir que el aire le reventaba las mejillas pero sobre todo para no verle a él, ahí en la punta del edificio. 
Las calles eran angostas y en las grandes paredes de los edificios se leían las palabras que estaba segura corrían por sus venas, primero intento leerlas todas, supuso era una revelación, si conseguía anotarlas todas, grabarlas en su memoria, tendría los elementos claves para descifrar la construcción de su realidad última; después se dio por vencida, eran demasiadas y muy confusas, así, optó por elegir únicamente 3 y olvidar el resto.
Los trapecistas siempre le habían causado fascinación, pero por algún trauma de la infancia siempre había tenido miedo a las alturas, pero cuando se sueña no importa si dormido o despierto, se puede trascender a esas cosas, así que olvidándose de la presencia de él por un momento, subió  a la parte más alta de un rascacielos y se aferró al trapecio, una nube espesa, palabras más palabras, tomó impulso y justo antes de saltar del otro lado estaba él…
Sí, este post no tiene sentido.

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El tren de las 6

18:11
El tren de las seis

Las cuatro treinta de la tarde, aún faltan noventa minutos para el arribo del tren de las seis. La mujer gorda que espera en la esquina opuesta, golpea a su hija, le grita, su maquillaje vulgar me hace pensar en la leche que dejé derramada en la casa de Joel está mañana. La temperatura bajó otros tres grados, olvidé mi abrigo en el bar, seguro ahora lo tendrá puesto Lola, el grotesco travesti que sin pudor me sobaba las nalgas mientras yo bebía. El hombre sentado a mi lado me impacienta, su pie no para de moverse, parece que marcara exageradamente el tiempo. Anoche perdí la cabeza entre el humo y los tragos, supongo fui yo quien golpeó a Anet, aunque prefiero pensar que no fue así. Las cuatro treinta y siete, quizás si le pido al individuo que agite su pie con mayor vehemencia el tiempo pase más rápido. Un olor familiar inunda  la estación, es el terrible olor de los no lugares, una mezcla entre chanel y baño público. El vigilante me observa, no ha parado de mirar mis zapatos, estoy seguro de haber eliminado los rastros de sangre de mi ropa, pero él huele mi miedo, es como un viejo sabueso que me ausculta desde lejos porque ha detectado el olor a muerte, mi muerte, sabe que estoy muerto, que morí ayer mientras molía a golpes a la pobre Anett. Aún puedo sentir su cuerpo vulnerable ante mi fuerza. Colores, sus gritos fueron colores. La niña de la mujer obesa juega, salta de un lado otro, me estresa su voz chillante. Las  cuatro cuarenta y nueve, la temperatura sigue bajando. El vigilante se acerca al grupo de adolescentes que fuman y parlotean como si quisieran todos escucháramos sus voces. Muy seguramente les ha pedido que guarden silencio para poder escuchar como el corazón intenta escaparse de mi pecho, sé, él sabe soy culpable. Fui yo quien golpeó a Anett hasta dejarla inconsciente, sí fui yo, no puedo negármelo más.  Las  cuatro cincuenta y cinco, un sudor frío me estremece, la mujer vuelve a golpear a la niña mientras la reprende por no permanecer quieta. En la bocina anuncian la llegada del tren de las cinco. ¡Carajo! una hora más de angustiosa espera, debí considerar saltar a las vías una hora antes. El hombre de al lado me pregunta la hora, intenta torturarme, veo el placer que le produce mi angustia al mirar el reloj, no le contesto.  Joel se estará preguntando ahora mismo por mí, pensara que he huido. No está equivocado, pero esta vez no es temporal, no quiero afrontar la vida y huyo para no volver.  Me dirijo a la máquina de refrescos busco mis últimas monedas y  la ira vuelve a apoderarse de mí, se las ha tragado, la golpeo frenéticamente y siento al oficial a mi espalda, me toma por el hombro para pedirme calma.  Calma, calma, como se atreve a pedirle tal cosa a un condenado.  Mis ojos buscan los suyos, pretendo mirarlo hasta asfixiarlo con el odio de mi alma que se exaspera y se derrama por todo mi cuerpo, aprieto los puños y justo antes de atestar el puñetazo en su cara, una gota de lucidez me alcanza, no es conveniente dar a pie a una detención,  de esa forma seguiré sin poder pagar mi condena. Bajo la mirada y me alejo a tomar mi lugar nuevamente. Las cinco con diez minutos, ayer a esta hora Anet me besaba. Siento asco al recordar el sabor dulzón de su saliva.  Nunca entendí porque me amaba.  Una de las adolescente del grupo se sienta a mi lado, me sonríe  yo  evado el gesto y me concentro en observar mis manos.  No quiero justificar mis actos, no quiero salvarme, por el contrario, saltar es la única forma de acabar con el daño. La cinco con diecisiete minutos. La chica se ha cansado de mí indiferencia y se vuelve a incorporar al grupo de cacatúas que son sus amigos.  Es mentira que la adolescencia haya sido para mí un mejor tiempo, no comparto esa estúpida idea de  “tiempos pasados fueron mejores”, cada minuto de vida ha sido una porquería. Enciendo un cigarrillo, los primeros cinco segundos de nicotina recorriendo mi sistema nervioso me hacen temblar, un poco por la resaca, otro poco porqué serán los últimos cinco segundos que pueda sentir este efecto.  La ansiedad se acrecienta, un remolino de ideas confusas me atormenta, no siento miedo, sé muy bien lo que quiero y estoy a unos minutos de conseguirlo, no pregunto sobre cómo habría sido si… está es mi realidad y la asumo. Las cinco treinta y cuatro minutos, la mujer gorda pinturrajea desmedidamente su rostro, la niña se ha quedado dormida. Los adolescentes siguen conversando ruidosamente, como si realmente algo de lo que dijeran tuviera sentido. El vigilante sigue observándome, pero ya no me importa, ni él ni nadie puede detenerme en mi cometido. Miro el reloj, lo contemplo como deidad apocalíptica. La voz en la bocina pide a los pasajeros del tren de las seis preparar sus equipajes, en unos minutos arribara a la estación. Una excitación pueril me invade, se parece tanto a cuando fumé mi primer cigarrillo de mariguana. Después vinieron los polvos, las anfetas, las agujas, los hospitales, la abulia, los llantos, como si llorar valiera la pena en este mundo. Las cinco cuarenta y ocho, me dirijo a los sanitarios y observo por última vez mi rostro en el espejo.  Observo como fantasmas brotan de mi espalda, todos  y cada uno de los que me hicieron este ser miserable, mi madre y sus miles de amantes, mi padre y su  discurso de rectitud, mi abuela y su llanto incesante colmada de golpes de pecho, los profesores y sus discursos gastados sobre el saber y la vida, Joel y su complicidad suicida, Lola y los miles de espantapájaros en los que refugie el cuerpo, Anet y sus ojos suplicantes, su amor incondicional cuando yo menos la quería. Las  cinco cincuenta y nueve me dirijo al andén. Dispongo de unos segundos, escucho el silbato, ha llegado la hora. La voz en la bocina anuncia el arribo del tren, tomo impulso, salto, el impacto destroza cada uno de mis huesos, pero el dolor es momentáneo, puedo ver  mis despojos y sentir, al final tenía razón. La muerte es un orgasmo eterno.




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Calaverita de azúcar

11:55
"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos"
                                                     Cesare Pavese
Vendrá la revolución y tendrá tus ojos, yo le daré mis manos
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Memoria, desmemoria y Karma

12:34
   Hace unos días decidí  saldar algunas deudas con el destino, así como en la película de Alguien tiene que ceder (sí, sí  yo sé que  no es la mejor película del universo, pero Jack Nicolson me encanta. Sí, también  yo sé que podría ser mi abuelo, pero es muy buen actor, además era tan  sexy) decidí  ponerme en contacto, con las personas con las que en algún momento no he sido amable; por alguna razón se me metió en la cabeza  que  esta racha de mala suerte y mal de amores, en realidad  se debe al Karma; así que me puse en acción y conseguí los correos, teléfonos y direcciones de las personas a  las que en algún momento les rompí el corazón, tampoco es que sean tantas, pero digamos que si son algunas más de las que me gustaría reconocer.

 Supongo que a todas ellas les resultó extraño tener noticias mías después de tanto tiempo. Mientras redactaba cada una de las notas de disculpa, me preguntaba si realmente tenía sentido muy seguramente ya ni se acordarían de tal caso. No es que pensara mandarle nota hasta al niño de cuarto de primaria que se quería casar conmigo cuando creciéramos y yo le dije que no porque era tartamudo y yo no quería que mis hijos fueran tartamudos. Después de todo con  él en la adolescencia fuimos muy buenos amigos  y ahora, tiene una linda esposa y dos retoños, debe agradecer no haberse casado conmigo. 

 Seguí adelante con mi cometido envié correos un par de mensajes por celular y me senté a esperar respuesta, pocos contestaron y los que lo hicieron fue con un comprometido “gracias”, o” ya está olvidado”, supongo pues que así operamos los humanos, olvidamos, hacemos que deje de doler bajo la premisa de si no lo recuerdo no existe. En alguna medida esto debe ser sano, pues siempre es necesario seguir adelante, pero en otros aspectos me parece triste, es como si la gente pasara por nuestras vidas para dejar espacios en blanco.

Dándole vueltas a este asunto, pensaba en mi capacidad de olvido, que es nula o mínima, sí claro que olvido dónde he dejado las llaves o cómo se llama el director de la película justo al salir de la sala, olvido cómo llegar a algún sitio si no es después de unas diez veces de visitarlo, pero nunca olvido  los rostros, los gestos, las palabras, las manías, los tonos de voz, el olor, la forma de las manos, el timbre de la risa de quienes han pasado por mi vida, es como llevarlos tatuados, y pudieron romperme el corazón o no, pude haber sufrido o gozado, fueron importantes y aquí van, viajan conmigo.

Sí, sé que no es fácil de entender, hay quien me ha dicho que es como vivir en una casa embrujada, pero yo no lo creo así, es más sencillo que eso, es simplemente saber que las personas no son desechable y que si en algún momento damos la llave para que alguien entre es porque algo valioso encontramos en ese alguien y si las cosas no funcionan, no van por donde esperábamos, no quiere decir que el otro pierda valía.  Es cómo tener un  condominio en la memoria, donde los momentos y las personas se quedan para siempre, porque son importantes.   Nunca he mentido cuando digo “Yo te voy a llevar conmigo siempre” .
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palabras

03:32
En el último momento, mientras todo (literalmente) arde me decido a desnudar las palabras, mostrarlas descarnadas, no las quiero llevar conmigo, al final nunca supe usar las correctas, siempre fueron otras, debidamente cuidadas pero otras.   Toda la vida creí en las propiedades mágicas de ellas, quizás por eso las usaba con tanto tiento, siempre fui una aprendiz del lenguaje y en mi afán de perfeccionar tal arte, nunca pude decir la verdad. No, eso no quiere decir que todo haya sido una mentira en sentido estricto, se trato más bien de una develación constante, de un habitar en el límite y asimilar la caída.  Sé muy bien ahora, cualquier cosa que diga será utilizada en mi contra, pero  no me importa, de cualquier forma no hay manera de desentintar las hojas, para contar otras historias, explorar otros mundos o mirar otros ojos.  

Descubrí quizás antes de lo debido la luz en las palabras y desde entonces me enamore de la noche, me volví amante precoz de cada desquicio de oscuridad donde ellas pudieran brillar, deje de ser yo acercándome cada vez más a las miles que me habitan, renuncie al uno para enlazarme infinitamente con lo múltiple, suspendí el andar por el camino recto y me abrace a la posibilidad. Es quizás esta la condena, un pozo sin fondo, una caída interminable, un incendio de letras, pero no me importa, ahora ya no vale regresar las paginas, he cegado mis ojos y arrancado mi lengua, he renunciado a todas mis facultades mentales exceptuando la de imaginar, única bendición para los de mi especie.
Sé que al llegar la mañana será alguien más quien ordené a mis manos lo que deban decir, por eso mismo no tengo reparos en arrancarme la piel a girones, en mirar mis huesos y sentir lástima de quienes también los observen. En un acto masoquista, me obligo esta noche a decir cuanto es preciso para saber que no soy yo, que tampoco es otra, que nunca es alguien, es solo el vacio posesionándose de los instantes, robándome las ganas, arrebatándome el sentido y dejándome a cambio miles y miles de palabras descarnadas.

Nunca quise mirar la verdad a la cara, yo nunca la busque, pero es imposible volver a poner a grilletes una vez que se ha develado la sombra.
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Tiempo

22:08
El insomnio es un nuevo amigo de mis noches, llega justo antes de que se apaguen las  luces y se va muy sonriente justo antes de que vuelvan a encenderse. Al principio amablemente le pedía que se fuera, pues las jornadas de trabajo después de una noche de insomnio  son insufribles, pero no, no funcionó, entonces opté por tratar de echarlo por la fuerza, arrancándome los pelos, tomando leche caliente, contando borreguitos, practicando meditación zen, hasta el baño con hojas de lechuga intenté, pero nada, instalado ya en mi días como quien siempre ha vivido ahí.  Deje de resistirme a la vigilia, creo que mi cuerpo esta adaptándose a dormir cuatro horas por día y si lo pienso bien, es hasta productivo, por primera vez en mucho tiempo voy al corriente con mis reportes, he estado dándole un poco a la corrección de mis cuentos  que tenía tan olvidados, he leído un par de cosas que tenía en lista de espera y he visto películas que parecía que sólo había comprado para rellenar ese espacio en el librero.  Anoche precisamente vi algo bastante intenso, una película que se me había resistido desde ya hace algunos meses y que más que hablar de mi insomnio y mis hábitos noctámbulos es lo que me ocupa en este post.


Tiempo, un filme coreano del director Kim Ki-Duk, una película de amor, sí, suponen bien, de otro tipo de amor, un amor enfermo. Ella una chica linda que decide cambiar su rostro completamente por miedo a que él pueda cansarse con el paso del tiempo de ver siempre la misma cara, del mismo cuerpo. Él un hombre sencillo y perdidamente enamorado de su neurótica, posesiva y celosa novia.   La historia va del abandono,  la búsqueda,  la reinvención literal, la desesperación, el deseo, la lealtad, la confusión y la cascada infinita de emociones encontradas que  se generan en torno a esta necesidad de sentirse amado, de pretender ser todo para alguien, ser todo y serlo todo el tiempo.

De una manera muy sutil aunque sin dejar de tener partes visualmente violentas, Kim Ki-Duk, plantea interrogantes fuertes sobre el amor y las relaciones humanas a través del tiempo, ¿Será que realmente podemos amarnos toda la vida? ¿Qué tanto la reinvención nos pierde? ¿Cuáles son los límites del amor?  Además de cuestiones de identidad y belleza.

Debo agregar que el escenario principal de la película es hermoso, el parque de las esculturas en la isla de Mo, está isla pertenece a un escultor llamado Lee Il-ho,  quien exhibe su trabajo de forma permanente en la isla. La esculturas que aparecen en la película son todas con temáticas amorosas y/o eróticas,  hermoso, si a eso agregamos la maravillosa fotografía del filme, aquello se vuelve en un festín visual digno de ser apreciado por todos.

Después de ver tiempo, menos pude dormir.  Pasé la noche repasando las posibles respuestas a las interrogantes que quedan abiertas en el filme.
http://www.youtube.com/watch?v=7zQE-CSzodg
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Sobre los amores de 3° de primaria

22:39
La eterna indefinición del amor, la pregunta perpetua sobre qué sea y cómo se sienta. Creo que conforme crecemos y aprendemos a diagramar, categorizar, etiquetar y un largo etcétera, nos alejamos más y más del  estado puro de ese sentimiento.

 Hoy mientras yo me paraba de cabeza tratando de captar la atención de un grupo de estudiantes de tercer año, al fondo del salón un papelito  rondaba de mano en mano,  lo intercepté justo antes de que llegara su destinataria ( he de confesar que después eso me hizo sentir muy mal)   al abrirlo y leerlo, en automático una sonrisa inconsciente se apodero de mi rostro, alguna mariposa en la memoria se manifestó en mi estomago y creo que por unos segundos me alejé completamente del aula de clases.  Guardé la hoja en la bolsa de mi chamarra, le sonreí al emisor y volví a pedir la atención de todos para continuar con la clase.

Sí, es cierto  ahora tendré que trabajar arduamente sobre la escritura de este chico, pero creo que hoy aprendí mucho, mucho de él, o recordé al menos: el amor tendría que ser así, espontaneo, sencillo, intenso, arriesgado y otro largo etcétera de adjetivos que se van olvidando con los años.
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No

16:59
Si te dijeron no, es porque pediste…
Alejandra Pizarnik
Decir No, escuchar un No, pretender un No, pensar un No.  Palabra más fea esa, ¿Necesaria? Sí, a veces, inesperada casi siempre. Un enorme NO, atraviesa nuestras vidas, vivimos cercados por la negación, siempre hay algo que se nos niega, algo que nos es inalcanzable. Supongo que aprendemos a vivir con ello, supongo que no es tan grave, al final ese conjunto de NOs, permite la reinvención cada día, la construcción, deconstrucción y reconstrucción de nuestras esencias, la afirmación de nuestros SIs.

Pese a ello, es angustioso y desgastante cada vez que los labios de alguien se abren ante nuestros ojos para decir NO, incluso es difícil que sean los nuestros, nuestros labios los que nieguen,  cada vez que se enuncia este monosílabo, una fractura desde muy pequeña hasta inconmensurable se abre en el otro.  

Desconozco el tamaño de mi herida, pero persisto, espero, anhelo en algún momento mi NO, tu No, su NO, en algún momento se abra en mil posibilidades.
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Princesas

02:06
Crecí bajo el apreciativo princesa, mi padre siempre me llamó así, hasta la fecha cuando suena el teléfono y es él, la pregunta que inaugura la llamada es ¿Cómo está mi princesa? Eso me hacía suponer que él era un rey y mi madre una reina, que vivíamos en un castillo y algún día vendría un príncipe a rescatarme.  Ahora sigue siendo lindo escuchar eso en su voz, es maravilloso sentirme la heredera de ese reino de amor y locura que construyeron ellos para mí, pero sé los príncipes no existen, los castillos quedaron atrás y la vida es distinta.   

                Una noche de sábado, rememorando la infancia  viendo Caballeros del Zodiaco y tomando un tinto olvidado, una reflexión quizás absurda viene a mi cabeza y cómo es natural o raro, lo plasmo en este espacio de debrayes y voces que gritan desde el fondo de las yemas de mis dedos. Cuando yo fui infante, como niña que soy, ser princesa era “la unidad mínima asequible”, la delicada fémina que esperaba por el gentil caballero que estuviera dispuesto a dar su reino por ella; la verdad nunca me compré la historia, pero no parecía tan inverosímil, incluso conforme crecí, vi un par de historias bajo ese talante, hermosas chicas casándose con atractivos jóvenes bien ponderados en la sociedad, teniendo hijos lindos y viviendo en  ese ensueño prefabricado culturalmente para las “princesas”.

                Nunca sentí envidia de ellas, pero siempre me sentí distinta, mis relaciones complicadas nunca han tenido más futuro que lo inmediato, quizás cuando me he enamorado he logrado vislumbrar un futuro a 1 año quizás 2, futuro que implica viajes, pasiones y locuras, nunca hijos, ni perros, ni casas con un tejado y una barda. Pero no es eso lo que me ocupa en las reflexiones de esta noche. Pensaba en mis conversaciones con adolescentes o en esas conversaciones raras que uno sin querer queriendo escucha en los vagones del metro entre jóvenes de una generación después. En mis tiempos de adolescente, ser  “puta” ser “perra” era un peyorativo por excelencia, un calificativo mordaz, que se daban las mujeres mismas para clasificar a las chicas que habían decidido, optado o aceptado conocer los placeres carnales, versus claro está, a las que optaban por cumplir con ese precepto moral  de llevar una vida casta, pura, conservar la virginidad hasta qué un anillo luciera en sus mano y un vestido blanco las esperara para entregarse por amor al caballero digno de poseerlas. Ahora es curioso ir por las calles bajando el volumen al ipod por un momento y escuchar a las niñas que salen del bachillerato hablando de manera abierta y desinhibida de sus experiencias sexuales, o conversar unos minutos con adolescentes que se autodenominan orgullosamente “perras”.

                Es complicado clasificar, de hecho no habría porque hacer tal cosa, pero como humanoide femenino del planeta me atrae  inevitablemente la reflexión ante la evolución de los preceptos, las implicaciones del catálogo, ser “princesa”  o ser “perra”, la princesa espera, la perra va, la princesa es intocable, la otra todo puede tocarlo, la primera ama incondicionalmente, la segunda nunca se entrega ergo, nunca ama. Que complicado, pareciera que las dimensiones del amor para las mujeres siguen siendo ajenas, parece que saltamos de ser objeto para ser utilitarias; siento, presiento que hablando desde este territorio del género la felicidad sigue siendo inalcanzable, porque o lo entregas todo o sólo lo utilizas.

                Es quizás este el punto más arraigado de mi pleito con la diferencia, por qué habríamos de vetar una u otra parte, porque no reconocernos humanos todos, deseantes, amantes, dueños de un cuerpo que anhela sentirse dueño, esclavo, lascivo, poseído, propio, ajeno, pero también de un corazón, latiente, vulnerable, multifacético, viviente, amante.

                Reitero, es complicado, siempre me supe diferente, pero me gusta saberme princesa, nunca he esperado un príncipe que me rescate, pero me encantaría compartir mi reino con alguien a quien mire a los ojos y me reconozca y le reconozca, amante deseante loco, etc.

                Quizás la final de todo no sea un problema de género, sino de humanidad, de los que entendemos y vemos distinto, a los que los estereotipos no nos van, porque no somos ni perras ni princesas, ni machos ni maricas, sino humanos, buscando sentir placer, amor deseo, locura desbordándose por los poros y diciendo estás aquí te siento, no importa mañana, no importa nunca, importa hoy, y quizás está noche sea una o quizás sean el resto de mis noches, pero es por eso que tiene sentido estar aquí.
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Ejercicios piromanos

21:25
En el último momento,  mientras todo (literalmente) arde me decido a desnudar las palabras, mostrarlas descarnadas, no las quiero llevar conmigo, al final nunca supe usar las correctas, siempre fueron otras, debidamente cuidadas pero otras, nunca las necesarias.
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El juego

22:32


Instintivamente buscas el revólver bajo tu almohada, el frío del metal te hace sentir tranquilo, por un momento te piensas a salvo. Intentas volver a dormir, pero es inútil, el miedo se ha apoderado de ti, es perturbador siquiera cerrar los ojos. En cualquier momento ella llegara. Lo sabes porque ha sido siempre así, predecible, constante. Ella juega contigo los días pares del calendario. El arma sólo tiene un tiro, deseas que sea para ti y esto termine de una vez.

Deambulas aletargado, miras por la ventana, puedes verla entrar en el edificio,  las manos te sudan y todo el cuerpo se estremece. Escuchas el taconeo de sus pasos ya muy cerca de la puerta, por un segundo consideras no abrir, llevas el cañón a tu cien, no quieres seguir en su juego,  no puedes disparar, no puedes parar el juego, es ella tan hermosa,   en lugar de poner fin, abres la puerta aún antes de siquiera escuchar el golpeteo de sus dedos.

Conoce muy bien tu guarida, sabe perfectamente los lugares dónde podrías ocultar el arma, ya has pasado antes por ahí y su sonrisa burlona no es grata,  prefieres entregársela y suplicarle lo haga cuando menos duela, cuando menos en ti te encuentres. Sus labios rojos sonríen y al tiempo que se quita la ropa, menciona como su instinto de bestia no le permite menguar tu dolor en ningún momento.  Ordena te desnudes, te hundes en su cuerpo, la cadencia de sus caderas te hace olvidar el juego. Sientes como el universo revienta en el centro de sus cuerpos.  Primer espasmo: ella acerca el cañón a tu cara dispara, nada. Segundo espasmo es tu turno, apuntas a su corazón, te acobardas, no puedes disparar y si esta vez tocara la bala ¿podrías vivir con ello?,  son las reglas del juego y antes de que el placer mengüe, disparas, nada. Tercer espasmo, ella pone  el cañón en tu boca, aprieta el gatillo, un fuerte estallido resuena, el arma cae, es cuestión de  segundos, ganaste, esta noche por fin ganaste, la bala es tuya, la muerte llega. Pero no pasa nada, sigues vivo y asustado, el sabor del metal  en tus labios, la luz colándose por tus ojos, no pasa nada, sigues vivo, despiertas, ella no vendrá nunca más, una vez que has ganado el juego, no es necesario volver.
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de aquí para allá

16:46
De aquí para allá

Nunca resulta sencillo adivinar de qué lado del espejo se despierta, me horroriza pensar que por alguna razón siempre lo hago del lado equivocado. La abuela siempre decía que habría que poner unas hojitas de  malva bajo la almohada para no ir al mundo de las brujas mientras se sueña.  A mi soñar me parece vivir horas extras. Quizás por eso nunca estoy segura de si he despertado aquí, o en realidad estoy allá. A veces allá es evidentemente distinto, pues aquí no se puede volar como se hace allá pero hay días en los que aquí es tan extraño que pareciera completamente allá.  No estoy muy segura de preferir el sueño a la vigilia, me asusta ser una hormiga, creo que soy muy pequeña para pretender ser algo tan grande. Cuando despierto de este lado del espejo que no sé muy bien si es aquí o es allá, siento como el cuerpo se vuelve ligero, por el contrario cuando abro los ojos y estoy del otro lado, una pesadez extraña se apodera de mí y  me cuesta mucho moverme.  Las personas también son distintas en un lado y el otro. Las personas de aquí no me gustan, sospecho muy seriamente que sean fantasmas y no gente.  La abuela creía que yo era un alma vieja, quizás tenía razón, vivir a turnos dobles y confundida debió hacerme envejecer.
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500 días con ella

21:47
Tres premisas indispensables para leer este post.

a)      Ha sufrido ya una decepción amorosa que lo dejo destrozado y llorando como nene o nena.

b)      Alguna vez se  ha enamorado perdidamente de alguien con quien tuvo intimidad pero que claramente le dijo “no me interesa tener una relación”.

c)       Usted sigue pensando que el amor existe.

Muy bien si cumple con por lo menos una de las tres anteriores, puede seguir adelante con la lectura, en caso contrario, mi recomendación es no pierda tiempo, viva un poco más, salga a la calle a buscar al amor de su vida, tenga sexo desenfrenado con alguien para terminar enamorado de ese alguien, permita que le rompan el corazón, llore inconsolablemente y después sólo después ya que haya superado la etapa más dolorosa y esté dispuesto a continuar con su vida venga y lea este post.

500 días con ella es una comedia romántica, o por lo menos ahí la colocan  los que se encargan de hacer las clasificaciones de las películas. A mí me parece que aunque tiene tintes románticos, tiernos, de esos donde las hormonas suspiran y dan ganas de tener un Tom o una Summer cerca, no es precisamente una historia de amor, o por lo menos  no del amor rosa,  ese amor irreal con el  que nos ha enfermado la cabeza desde niños  Disney.   La forma en que se va contando la historia no es lineal, es un ir y venir entre los 500 días, teniendo una combinación dolor, placer, confusión, frustración, desesperación, alegría, asombro, complicidad, esperanza, deseo y todas esas cosas que en realidad se sienten cuando te enamoras, cuando tú encuentras al amor de tu vida, pero el amor de tu vida no te encuentra a ti. 

Al final Tom no se queda con la chica, Summer se casa con alguien más, pero no es eso lo importante. Lo importante es ver a Tom salir a comprar Wiskey en bata, verle rompiendo platos como poseído y sufriendo infinitamente, hasta que no le queda más que  dejar de conmiserarse y regresar al mundo. No al mundo de antes de Summer, no al mundo con Summer, a un nuevo mundo, donde hay mil cosas por descubrirse, donde el amor aún existe.

Pfff, esperanzador final, no sé si son las hormonas  o un vestigio de  esperanza las que teclean el post del día de hoy, pero me ha gustado mucho la película, una comedia romántica inteligente, muy bien armada y además con una musicalización popera, sí  muy pop pero muy agradable.

Vi esta película por un pacto, juego, competencia el producto que da prueba de que la he visto es un dibujo y una frase, el dibujo no lo posteare porque apesto como dibujante, pero la frase sí, dos frases me gustaron mucho:

“No me gusta ser novia de nadie, en realidad no me gusta ser nada de nadie”

“Robín no es la chica de mis sueños, ella es mejor que eso, es real”

(agrego foto de Matthew Gray Gubler, porque aunque su personaje es completamente secundario, fue su frase la que más me ha gustado, además de que bueno O por Dios, etc. etc.)
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El temblor Remasterizado

10:16
Deje el psicoanálisis y regresé a las letras, alguien por ahí me dijo que mejor sería escribir cartas, lo reconsideré y abandoné al analista y me inscribí en un taller de creación literaria, han surgido un par de cosas interesantes y he tenido oportunidad de regresar a mis viejos textos para pasarles el hacha y quitando la aprensión que normalmente me impide corregirlos les he dado una manita de gato, así que les comparto este texto remasterizado.



El temblor



   “Despiértenme cuando pase el temblor”

Soda estéreo

    Hugo se levantó paladeando el desagradable sabor del metal que le había dejado el sueño; Mirey aún dormía. La habitación estaba intacta, nadie sospecharía del terremoto de unas horas atrás, la ciudad estaba en ruinas. La radio comenzaba a dar las primeras estadísticas de los daños, Hugo se asomo por la ventana y sorbió tranquilamente su café, en realidad no le importaba  nada  tras aquel umbral que lo separaba de la tragedia  del resto de los habitantes. Regresó a la cama y buscó instintivamente el sexo de Mirey, quería encontrar nuevamente el ensueño extasiante de los ojos verdes de ella cuando se desorbitaban ante el placer, ella lo recibió sin mayor interés pero sin poner resistencia, hicieron tibiamente el amor sin emitir sonido alguno, inconscientemente los dos sabían todo había llegado a su fin, no había marcha atrás ya no tenían tiempo de reconstruirse, el terremoto no había tocado su casa, pero la historia no les permitiría volver a ponerse en pie como al resto de la  ciudad.

     Mirey conoció a Hugo una noche sin más que humo en el bolsillo y nostalgia en la mirada; él trabajaba en un negocio cerca del centro, siempre tomaba el mismo camino a casa, pero un par de noches atrás había tomado la determinación de nunca volver a pasar  dos veces por el mismo sitio. Comenzó por alternar las calles, explorando diferentes formas para llegar a casa.  Esa noche, en esa hora incierta, ahí estaba ella, con un abrigo hasta las rodillas y una boina a la francesa que la hacía lucir peculiar, ella se acercó con el afán de  conseguir fuego para su cigarro, él quedó prendado de ese par de ojos verdes ocultos bajo unas gafas amplias. Caminaron un par de calles sin cruzar ninguna palabra útil o inteligente: "Me llamo Mirey"  "soy empleado de un hotel cercano" " No me gusta el frío"  y un bla bla bla bla sin dirección ni pretensión alguna, aunque en realidad eso no importaba, sólo bastaría llegar al punto donde sus destinos se bifurcaran para cambiar de  página y poner ese encuentro con las cosas  sin importancia del día que pronto se olvidan; pero eso no sucedió o por lo menos no esa noche, esa noche caminaron muchas calles más.

   Hugo se levantó  y preguntó a quema ropa -te vas tú o seré yo quien se marche- Mirey bostezó indiferente al tiempo que levantaba los hombros para hacer más evidente su desinterés ante la situación, él comenzó a vestirse decepcionado de la reacción de ella ante sus palabras, no lo creía posible, cuatro años de su vida se desmoronaban ante él, sin provocar el menor estruendo. Se asomó nuevamente por la ventana y pudo sentir la desolación reinante en las calles, la impotencia de la gente,  la mayoría lo habían perdido todo. Él sentía algo similar, sabía no quedaba más, esos cautivantes ojos verdes de aquella noche y de tantas mañanas se cerraban para siempre. Habría sido mejor si el terremoto hubiera acabado con él, con su casa y con ella, sobre todo con ella.

    Mirey se acomodó nuevamente y volvió a dormir, soñó ser un pez, uno de agua dulce, un pez de agua dulce en un enorme océano salado,  nadaba entre los demás peces, ninguno entendía su asfixia. Despertó sobresaltada, Hugo se había marchado, los estantes estaban vacios y ahora justo ahora quería pedirle no lo hiciera, el océano del sueño broto por sus ojos, siempre había sido así, tarde muy tarde.

  

Hugo no tenía a donde ir, la ciudad estaba destrozada, se respiraba en todo sitio la desolación de ellos, los otros, los que no entendían porqué él cambiaria de lugar con cualquiera,  en ese momento preferiría ser él quien estuviera enterrado entre los escombros. Una mujer se acercó para pedirle una moneda, buscó en su bolso y le entregó un par de billetes arrugados, sentía nauseas, asco ante la podredumbre que pisaba a cada paso, no entendía como la naturaleza, dios o el azar tramposo podía acabar con el mundo entero de una sacudida. Tampoco entendía  cómo sin sacudida, su mundo estaba hoy en trizas. Todo era confuso, quería odiarla, desear realmente fuera ella quien se acercara mendigando  ahora no fuego sino piedad, quería tener el poder de pisar su cabeza en un charco de sangre al siguiente paso, pero no podía, la amaba, la amaba tanto, la necesitaba.

   

            Mirey seguía desnuda, postrada sobre la cama, en silencio, esperando la puerta se abriera y él estuviera de vuelta, tarde entendía cuanto lo amaba, tarde extendía los brazos para alcanzarle. Se puso en pie, buscó su abrigo y su boina, puso los tres cigarros que le restaban en la bolsa izquierda y salió, así, descalza y sin más ropa que el viejo abrigo  y la boina francesa, caminó incesantemente entre las ruinas de la ciudad y llego a la calle donde años atrás un extraño de andar discreto le ofreció fuego  y una soledad compartida.

     Hugo gurdo sus manos en el pantalón y sintió el encendedor entre sus dedos, vinieron a él  inmediatamente los recuerdos del primer encuentro,  algunas lagrimas escaparon de sus ojos, ganas incesantes de volver, atravesar la puerta,   andar por esa calle donde se encontraron; apretó el paso y avanzo firme, supuso que aún era tiempo, que la encontraría dormida, y le contaría una historia nueva; tal vez regresando por aquellas calles la encontraría nuevamente con su boina y su abrigo, sonrió, por un segundo imaginó el cuadro, pero entonces recordó la premisa aquella noche: "nunca más por el mismo sitio", soltó el encendedor viró a la derecha y se perdió entre los damnificados que había dejado el temblor.
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Fragmentos de locura

22:11
Desconocía por completo el momento justo en el que las paredes comenzaron a hablarle, una mañana se descubrió en medio del colorido cuarto, cubriendo afanosamente con una mano el orificio por donde estaba segura habían estado escapando las ideas. De pronto, una voz proveniente del muro del fondo comenzó a contarle una historia fantástica, al principio era complicado entenderle, pues su tono gutural hacia confundirle con un gruñido, con un eco guardado o con un murmuro muy grave. Desde su llegada a ese lugar, no había cruzado palabra con nadie, quizás por eso el hecho de escuchar una voz que no era la suya, la reconfortaba, prefirió no preguntarse por la procedencia y la lógica de un muro que habla, asumió que como todos aseveraban, estaba loca y en la locura era “normal” sentir que las ideas escapan y conversar con las cosas. Aunque bueno, no podría decirse que ella conversaba propiamente con las paredes, sólo las escuchaba.


No siempre era la misma la intensidad de las voces que emanaban de las paredes, a veces susurraban, otras gritaban frenéticamente, ella no sentía miedo, hacía mucho tiempo que no experimentaba tal cosa, en ese cuarto, en ese lugar todo era posible, estaba fascinada con su locura y el universo interminable que había venido con ella. Descubrió una constante en el sonido, si ella quitaba la mano de su cabeza, las voces eran más fuertes, más claras, si ella volvía a tapar el lugar por donde le escapaban las ideas, las voces se hacían tenues. Lo pensó un segundo y concluyó, las paredes habían estado robando sus ideas, por eso su cabeza era cada vez más ligera, por eso cada vez había más color en los muros, volvió a agradecer su locura, esa bendita locura, que entre muros, historias, colores e ideas se creaba y recreaba en sus manos.
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Locura

18:05


Estados espirovolitivos voluntarios
 
Cada vez me asusta menos la locura, el desdoblamiento de mis voces, las miles de noches escondidas en mis manos, la extravagancia de las luces, los días, el tiempo, los ecos,  las miradas y el sin fin de realidades inciertas que muy de cerca coquetean con mi razón. 
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Sola

18:50
Anoche hablaba con ella, evasiva como siempre, enredaba sus dedos en mi cabello para no contestarme. Me exaspera la contundencia que tiene para encajar sus uñas en mi espalda y hacerme amarla cuando tanto la detesto. Se fumó mis cigarrillos, se bebió mi cerveza y manchó mi teclado con palabras llanas, con quejas pueriles, de pasados mejores, de un presente ambiguo, de tiempos no venideros. La observé, le reñí, pero como siempre, es ella más fuerte que yo, basta su fría mano posándose un segundo sobre mi hombro, para corroborar: le pertenezco.


Entonces ella y yo escribimos cartas. Sí, cartas: largas, alegres, formales, cortas, confidenciales, tristes, hermosas, emotivas, absurdas, frías, honestas, crueles, falsas, etc. Cartas. Algunas las firmé yo, la mayoría lo hizo ella, en realidad no importa, no tienen destinatario alguno. Cuando llegó la mañana y la rutina la hizo brincar para huir por la ventana, me susurró al oído a manera de despedida: Buen día, triste hermana, sola, sola, sola..
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Caligrama

21:37
Costó mucho trabajo, pero al final me siento muy feliz con mi caligrama.
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Ojos

22:42
Fue un día de almas ligeras y ojos callados. Los míos, mis ojos, por el contrario no pararon de hablar, un parloteo incesante los mantuvo ocupados todo el día. Por la mañana conversaron con el espejo, no estoy segura, pero algo me hace suponer que discutieron, no me extrañaría, eso pasa siempre que ese par de descarados se ponen a contar secretos a esos otros dos discretos, que atentos del otro lado observan, se miran, se escuchan y más temprano que tarde, los de dentro terminan por llorar.


Subí al vagón del metro, repleto como ya dije, de almas ligeras, de miradas mudas. Sé que suena contradictorio decir que el alma es ligera cuando los ojos no hablan, pero es real, basta mirar cómo todos ahí dentro se vuelven etéreos, hasta el punto mismo de parecer inexistentes. Y entonces mis ojos comenzaron un monólogo sobre el absurdo entre la multitud, los sorprendí por el cristal diciendo impertinencias, traté de reprenderlos, pero en realidad a ellos poco les importan mis reparos.

A veces me preocupa la soltura del discurso con que a todo mundo van contándole, mis alegrías, mis sin razones, mis penas, mis delirios. Pero al final, qué más da, soy un alma pesada, con unos ojos parlantes, que no paran, ni un minuto, todo el tiempo hablan.

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Una mañana cualquiera

14:36
Desperté con las palabras del sueño en las manos, aún podía sentirlas, no terminaron de desmaterializarse sino hasta minutos después de haber abierto los ojos.  Siempre sucede así, la mañana termina de a poco pero sin piedad, con los desquicios de libertad que durante la noche disfruto.  Incorporarse a la rutina cada vez  resulta más complicado, por lo general comienzo con  la taza de café, que más o menos des aletarga mis sentidos y me permite comenzar a reconocerme, observar mis  manos que no me son del todo familiares, me hace pensar que este cuerpo no me pertenece, siento que usurpara un lugar en el mundo, en este mundo al menos.
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Estrenado 28 o Más sabe el diablo, etc.

00:19
Mi amigo Román, tiene una forma fenomenal de hacerme sentir bien cada que comienzo a mal viajarme por estar en la antesala del tercer piso, habla sobre la intensidad y la locura, de las noches y los excesos, de los placeres y el sexo, de la intelectualidad y el arte, del conocimiento y el trabajo, al conjunto de todas esas características las llama: ser un adulto contemporáneo. Muchas de esas cosas son clichés raros, que en algún momento encajaron conmigo, pero que ahora no son más que intensos recuerdos otras las sigo disfrutando, como cuando recién se descubren. Contemporáneamente o a la antigua he llegado a la precisa edad de 28 años, logré llegar a esta cifra sin deprimirme de manera previa, por el contrario, esperaba ansiosa, los regalos, la fiesta, los abrazos, las reflexiones y todas esas cosas que vienen con los cumpleaños


Pasaron cosas muy interesantes la semana previa al cumpleaños, por ejemplo el lunes una caja misteriosa con los primeros 6 tomos de En busca del tiempo perdido, con una botella de tinto y un anónimo que decía: Mi último suspiro, si quieres el séptimo encuéntrame, Feliz cumpleaños. La verdad es que de inicio, no quería ni abrir los libros, que tal si tenían ántrax o algo parecido. Después pensé que tenía un acosador y claro cómo producto de horas y horas, viendo mentes criminales, asumí que el ignoto tendría que ser un hombre caucásico, a falta de Spencer (o por dios chiquito papá), comencé la investigación, hice una lista de sospechosos, en realidad era una lista muy pequeña, no hay tanta gente en este planeta que tuviera tan lindo detalle conmigo, fui tachándolos de uno por uno, a “X” porque Proust le puede sonar a marca de condones, a “Y” porque es proporcionalmente culto a su tacañería, a “Z” porque me entreviste con él y pude ver en sus ojos que no mentía cuando decía que él se declaraba inocente.

Cierto extraterrestre que rondaba mi tierra, me dio unas lecciones de vida intergaláctica maravillosas, útiles pero al mismo tiempo muy reveladoras, parecía en este momento que el mundo se venía abajo, después de observar el infinito, el mundo se vuelve tan pequeño, pero comprendí casi al instante que por eso mismo, más y más valioso.

Otro día de esa semana un corazón roto en casa, me obligó a descorchar el vino enviado por el ignoto, además de una botella más abandonada por mi ahora abstemio vecino, y entre charlas de faldas y de pantalones, mi buen amigo Romy me permitió abrir el regalo que desde el lunes aguardaba en mi habitación, con un letrero especificando que no podía ser abierto hasta exactamente el día 30, pero ese día para aligerar el sufrimiento del corazón roto, de él por supuesto, pude quitar ese rojo papel de Puca, que cubría la caja para descubrir “o por dios, es grandioso” tenía, bueno ahora tengo en mis manos la serie completa de los Thundercats… uoooo!! La mera onda, ya tenía hasta ese momento dos regalos muy rifados, el primero de un ente desconocido y el segundo de mi Cuatisimo, hermano Romy.

Durante toda la semana estuve planeando mi gran fiesta “sorpresa” de cumpleaños, mandé la invitación por la red social de moda, el objetivo reventar la casa, el contra tiempo mi vecino que decidió era la mejor idea traer a su esposa y a sus tres hijas a pasar unos días en la casa, y lo digo así literalmente en la casa, no en la ciudad, no, no de vacaciones, no, en la casa. El panorama ante eso no fue bueno, parecía que las cosas comenzaban a no salir bien. La fiesta tuvo que ser pospuesta, con resultados desastrosos, los invitados no llegaron, la festejada se enfermo y todo termino en cuatro cajas de pañuelos desechables y una cantidad impresionante de mocos.

Como sea, el día de mi cumpleaños, tuve un pastel familiar, papá y mamá vinieron a verme (bueno en realidad vinieron a ver a León, pero aprovecharon para darme mi abracito), sople velitas, le mordí al pastel y esas cosas bellas que no se pierden como costumbre en mi familia.

Puff, ya para cerrar este post, los 28 empezaron como ha sido toda mi vida, un excitante espiral de acontecimientos, hasta el momento no se quien es el ignoto, pero ya no quiero saberlo, no he terminado de ver los Thundercats pero en eso estoy, mi familia sigue siendo uno de los pilares más sólidos y maravillosos que tengo, todavía no se me terminan los mocos, pero al menos sé que de esta gripe no estaba destinada a morir. Por último, como último acto de depuración, arme una carpeta con todas las fotografías de pasados dolientes, las comprimí, las mandé muy lejos de mi alcance y elevé mi ancla definitivamente, lloré, si lloré mucho, no es fácil cerrar una ventana que sin querer mantienes abierta, pero ya, es momento de navegar otros horizontes y encontrarse en otras miradas.

Creo que ahora si me excedí con la dimensión y lo personal del post, pero como siempre digo en estos casos, "ES MI BLOG Y ESCRIBO LO QUE QUIERA".
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Espejos

15:47
Ella le confesó su amor por los espejos.

Él se rompió en ese instante

dejándole como herencia

siete años de mal amor.

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Los domingos

21:38


Aunque me resista a aceptarlo, soy un animal de costumbres y rutinas; los domingos acostumbro dejar que las palabras se amotinen en el cuerpo y al final broten como se les dé la gana, está no es una experiencia del todo placentera, más por el contrario, tendría que decir que es dolorosa, las palabras tienen garras y dientes afilados que lastiman en su paso apresurado y violento que busca desbordarse. Los demás días es más fácil enredarlas entre los dedos, entretenerlas entre lecturas y discursos, quizás hasta acariciarlas un poco, jugar con ellas como si fueran felinos domesticados que cuando les es preciso se acercan a ronronearle a su amo, en fin, utilizar las necesarias y fingir que no existe el resto.

Es domingo, es normal, las palabras se suicidan.
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